Su madre la dejó bajo el “cuidado” de dos expendedores de drogas, a sus escasos 10 años. “Tita” es una niña marcada por la secuela del abandono y la explotación infantil, males sociales que prevalecen en el empalme de Boaco, jurisdicción de Teustepe, los que —según la delegada del Ministerio de la Familia— son una “bomba de tiempo” que debe ser atendida con urgencia.
La menor terminó convirtiéndose en víctima de los dos expendedores de drogas, amigos de su mamá, quien se dedica a la prostitución. Ellos la drogaron con intenciones de violarla, sin embargo, se les pasó la mano al darle una sobredosis que la mantuvo al borde de la muerte durante cuatro días, en el hospital de Boaco. Hoy en día “Tita” es una de muchas niñas que venden en el empalme y que están expuestas a todo tipo de riesgos.
DOBLE VIDA
La falta de empleo estable hace que muchas mujeres como la mamá de “Tita”, lleven una doble vida, porque en el día venden en las paradas de buses y en la noche se dedican a la prostitución.
Historias como la de “Tita” hay muchas aquí. “Roberto” es otro niño, de siete años, quien también ha sido víctima de personas inescrupulosas que han visto en los niños, potenciales reclutas para encubrir su negocio de expendio de drogas.
“Roberto” también es vendedor del empalme. A su corta edad los expendedores de drogas lo utilizan para hacer sus entregas, por lo que le ofrecen 10 córdobas y a la hora de llegada no le pagan nada, al contrario, lo amenazan.
Martín Alfredo Balmaceda Traña, pastor de la comarca del empalme de Boaco, en la misión de las Asambleas de Dios, asegura que existen alrededor de 80 niños, de entre siete y 14 años, con los que se requiere hacer un trabajo preventivo. La mayoría de éstos son niñas y están en alto riesgo.
La situación económica de los menores los obliga a dedicarle más tiempo a la venta que a los estudios, por lo que a medio año se retiran de la escuela.
“No hay una política adecuada del Gobierno, el Ministerio de la Familia (Mifamilia) hace lo que puede con sus pocos recursos, aunque no lo justificamos, porque se puede hacer otro tipo de coordinaciones a través de las iglesias”, aseguró Balmaceda.
Los mayores problemas a los que los niños y niñas están expuestos son, el abuso sexual, abandono, trabajo infantil, prostitución y drogadicción.
Francisco Guerrero, técnico de Mifamilia, coincide al afirmar que “como éste es un empalme y un lugar de tránsito hacia el Atlántico y norte del país, campean el licor, las drogas e incluso la prostitución. Las niñas se corrompen por falta de tutela de sus padres”.
Señala que los niños andan vendiendo porque los padres no tienen trabajo y ninguna institución se ha preocupado por eso, además no hay recursos para combatir la violencia intrafamiliar y sexual.
Es notoria la presencia de niñas y mujeres en las dos bahías del empalme de Boaco, las que desde las cuatro de la madrugada se dedican a la venta de diferentes productos para cubrir sus necesidades y criar a sus hijos.
MALTRATO DE BUSEROS
Tanto las mujeres como las niñas vendedoras de este empalme, coincidieron al afirmar que son objeto de maltrato de parte de los ayudantes y choferes de buses, por lo que más de alguna ha escapado de ser arrollada por las llantas de los vehículos del transporte colectivo.
Doña Pastora Robleto, de 44 años, empezó a vender en este lugar cuando apenas tenía 11 años, expresó que éste es un problema antiguo, pero que ha ido en incremento en cuanto al riesgo para los niños y, por eso, muchos son los políticos que prometen ayuda, pero que una vez elegidos, nunca la hacen llegar.
“Por eso creo que el remedio ante tantas promesas de campaña es no creer en ellas y seguir trabajando, porque los candidatos no cumplen”, afirma.
UNA PRIORIDAD
La delegada de Mifamilia en Boaco, licenciada Suyén Sobalvarro, califica la situación de la niñez del empalme, como “una bomba de tiempo” y a la vez plantea el problema como una prioridad, a fin de que se haga un esfuerzo conjunto entre las autoridades municipales y la institución.
“La falta de recursos ha sido una limitante para el Ministerio, no obstante, se ha trabajado ‘con las uñas’ y coordinadamente con los promotores voluntarios del empalme”, reveló.
Sobalvarro llamó a los alcaldes, sociedad civil e incluso candidatos a diputados por este departamento, a que se involucren en dar una solución a este problema social, donde ocurren violaciones, hay mucho maltrato, donde las niñas son susceptibles a que sus madres irresponsables las vendan a los camioneros que van hacia El Rama y otras zonas del norte.
RECLAMOS A POLÍTICOS
“La niñez es algo importante, por eso a todos los que se postulan como candidatos a diputados por los diferentes partidos, que no vayan pensando en ganarse los cinco mil dólares una vez electos para la Asamblea Nacional, que piensen en el departamento, les pedimos que prioricen a los niños y niñas, que ya no haya más prostitución y abandono”, demandó Sobalvarro.
“Los candidatos a diputados se enfocan en otras necesidades, pero la necesidad prioritaria aquí es la protección de los niños, por eso les pido que piensen con amor y con el corazón en la mano, si a los padres se les da trabajo, la pobreza va a bajar en el departamento y los menores tendrán que comer”, insistió.
SUEÑOS DE NIÑOS
Anielka Díaz Robles, de 13 años, tiene dos años de vender en el empalme y afirma que prefiere andar vendiendo que estar en la casa. Su jornada es de 12 horas, la cual inicia a las 6:00 a.m. Ella vende a diario, de 30 a 35 güirilas, ganándose un córdoba con cincuenta centavos por cada una.
Anielka asegura que su mamá no trabaja, por lo que tiene que vender para comprar su ropa y ayudarle en la comida de sus otros cuatro hermanos.
“A algunas no les gusta estudiar, pero a mí sí me gusta. Me quiero superar para ser una licenciada y estar en una oficina, para no seguir vendiendo”, opina por su parte Yorlene Oporta Espinoza, de 11 años y quien cursa el quinto grado de primaria.
“Yo vendo para comprar mis cosas, mi mamá es la que hace las güirilas y yo las saco a vender, nos ayudamos las dos y me ayudo yo misma porque lo que me gano diario, de 20 a 30 córdobas hasta el mediodía, lo voy guardando para comprar lo que me hace falta”, asegura.
Señala que tres de sus cinco hermanos se dedican a vender güirilas y agua helada. “A mí no me gusta vender, porque a veces a uno lo tiran de los buses, los buseros nos tratan como ellos quieren y en el invierno nos mojamos”, reitera Yorlene.