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Rusia y Nicaragua

El diario El Tiempo de Bogotá, Colombia, al comentar editorialmente en su edición de ayer el asesinato de la periodista rusa Ana Politóvskaya perpetrado el sábado recién pasado, lo comparó con el del Director Mártir de LA PRENSA de Nicaragua el 10 de enero de 1978. “El asesinato de Ana Politóvskaya, que había tenido que exiliarse en Viena por una temporada, es comparable al perpetrado en 1978 en Nicaragua contra el director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, que se había convertido en símbolo de la democracia y la fiscalización de la dictadura de la familia Somoza”, dice el editorial de El Tiempo, y concluye: “Ojalá en el caso ruso el crimen tenga efectos democráticos parecidos a los que produjo el de Chamorro en Nicaragua”.

Compartimos el sentimiento y ese deseo del diario El Tiempo. Pero lamentablemente debemos reconocer que es muy difícil, por no decir imposible, que la situación que se creó en Nicaragua a raíz del asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal se pudiera repetir ahora en Rusia. Son países y situaciones muy distintas. Además, es cierto que Politóvskaya era un símbolo del periodismo libre y la lucha por la libertad de expresión y de prensa en Rusia, pero no una líder política como el doctor Chamorro Cardenal.

Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de la enorme distancia que separa a Nicaragua de Rusia, y no obstante sus también inmensas diferencias en cuanto a tamaño geográfico, cantidad de población, historia y cultura, hay entre ambos países importantes lazos y afinidades políticas. Rusia estableció una estrecha conexión con Nicaragua cuando todavía era la comunista Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Las intensas relaciones de la URSS con Nicaragua se establecieron inmediatamente después del triunfo de la revolución sandinista, que a partir de ese mismo momento tomó un rumbo pro comunista y pro soviético. La Nicaragua sandinista se proclamó formalmente como país no alineado, pero de hecho se alineó con la URSS, tomó partido en el enfrentamiento soviético contra Estados Unidos y se convirtió en un peón centroamericano de la Guerra Fría y el conflicto bélico regional de baja intensidad.

Cuando se puso fin al régimen comunista soviético, en 1990, en Nicaragua cayó también el régimen sandinista. En los dos países comenzó la transición democrática prácticamente al mismo tiempo. En ambos fueron piñateadas espectacularmente la mayor parte o muchas propiedades y bienes del Estado, y se crearon poderosas y despiadadas oligarquías económicas y políticas —ex comunistas y neosandinistas— que mediatizaron las nacientes e incipientes instituciones democráticas. Y ahora tanto en Rusia como en Nicaragua existe una democracia limitada y una enraizada corrupción, la que en Rusia denunciaba de manera implacable la periodista Ana Politóvskaya y sin dudas que por eso la asesinaron.

En realidad, a la libertad de expresión y de prensa y a los periodistas independientes les ha ido peor en Rusia, comparado con Nicaragua. Con Ana Politóvskaya, a quien asesinaron cuanto estaba terminando un reportaje sobre la corrupción y el despotismo en el gobierno de Chechenia, títere de Moscú, son 12 los periodistas asesinados desde el año 2000 por motivos relacionados con el ejercicio de su profesión.

En Nicaragua, en ese mismo período, “sólo” han sido asesinados dos periodistas: uno, Carlos Guadamuz, disidente del FSLN muerto a balazos el 10 de febrero de 2004 por un matón sandinista; y María José Bravo, corresponsal de Diario Hoy y LA PRENSA en Santo Tomás de Chontales, quien a pesar de que era una periodista sin partido y apolítica, fue asesinada el 9 de noviembre del mismo año 2004 por un matón del PLC arnoldista que estaba inconforme con sus reportes informativos sobre las elecciones municipales. Lógicamente, por la enorme diferencia de población proporcionalmente son más los asesinatos de periodistas nicaragüenses que los rusos.

El ex Presidente de Rusia y pionero de la transición democrática en ese país, Mijaíl Gorbachov, dijo acerca del asesinato de Ana Politóvskaya —quien por cierto trabajaba para el periódico Novaya Gazeta, del que Gorbachov es accionista—, que “es un crimen contra la prensa independiente, contra el país, contra todos nosotros”. En realidad, es un crimen contra la humanidad, porque cuando se mata a un periodista en cualquier parte del mundo se asesina también a la libertad de expresión y de información, que es la más esencial de todas las libertades.

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