Ninguna de las agrupaciones políticas que están en la contienda electoral tiene seguro el voto rural. En campañas anteriores este caudal estuvo bien definido, no era necesario hacer una encuesta para darse cuenta hacia quién se inclinaba .
Esta vez el campesino está confundido pero no está indeciso, debido a que hay cuatro ofertas muy parecidas y atractivas. El problema está en saber con cuál se quedan, si casi todas coinciden con sus necesidades .
Los cuatro programas de gobierno son una copia del otro y los líderes campesinos están involucrados en todas las agrupaciones políticas, pero la masa todavía no se decide: está entre el pasado y lo que les pueda ofrecer el presente.
Sería demasiado atrevido en estos momentos asegurar que se tiene conquistado el campo, porque después de tres elecciones presidenciales seguidas el campesino se ha consolidado en algunos aspectos políticos que le sirven para discernir correctamente cuál es el peso que tiene su voto.
Estamos a punto de medir en el campesinado si éste realmente ha avanzado o si de lo contrario se mantiene y ver qué se puede hacer entonces para trabajar de acuerdo con el mensaje que envíen con su voto.
El campesino no mide al político por su discurso, lo analiza por lo que ha hecho. El campesino maneja que ningún gobernante es honesto —por mucho que lo sea— por eso no le gusta la palabra corrupción. Al campesino le gusta que le hablen de proyectos sencillos y no de macros, le gusta que le digan que todo vendrá por añadidura y no por solución total .
Total hasta hoy las propuestas políticas para el campesino son atractivas y eso es bueno, pero hay que romper con la ambigüedad del discurso y ser mayores transmisores de mensajes con los líderes intermediarios que estos son más eficaces en sus explicaciones .
El que logre conquistar el campo y tenga una más o menos aceptación en la ciudad, puede decirse que está en palco. Total las ciudades están llenas también de personas provenientes en su mayoría del campo.
De una cosa si hay que estar seguros, y es de que esta población no se va a abstener porque hay sobradas razones para votar al igual que las que existían en 1990 para ellos.
En aquella época era la guerra que diezmó al campo casi en su totalidad y había que terminar con ella a través de las urnas, y así fue. Funcionó.
Ahora no hay guerra, pero hay desempleo y poco alimento y hoy como en 1990 están seguros que el próximo gobierno mejorará su situación. Aseguran que algo les dice que esta vez no se equivocarán.
En estos momentos donde en la ciudad hay además de indecisión y desorden en cuanto a cedulación y ubicación de juntas receptoras de votos, en el campo todo está listo, parece que el Consejo Supremo Electoral y los partidos políticos han hecho un buen trabajo, sólo se está a la espera del día de la elección, pero agregan que éste “tendrá que llegar” y que no tienen ninguna prisa.
Sobre las encuestas, el campesino dice que son raras las ocasiones en que se les ha consultado y que a pocas se responden, pues todavía piensan que sus declaraciones serán utilizadas por órganos de inteligencias para luego abrirles causas penales.