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(FOTOS/LA PRENSA/M. OROZCO)
La mujer frente a las llamas
No le tiene miedo a las llamas. Siempre está lista para ayudar a quienes son víctimas de incendios o accidentes de tránsito. Es ella, Martha Urbina, la mujer bombera
Gisella Canales Ewest
revista@laprensa.com.ni

El camión salió de la estación a gran velocidad esquivando los vehículos que se interponían en su camino. Al llegar a las cercanías de la Hielera Sequeira, en el barrio Santa Ana, Martha vio la inmensa nube negra que salía de una bodega. Al igual que siempre, entró decidida a apagar las llamas que producían la humareda.

Justo cuando manguera en mano empezaba a sofocar el fuego que crecía a causa del plástico que se almacenaba en ese lugar, escuchó unos gritos que pedían ayuda. Las voces provenían del interior de la bodega.

Sabiendo que no traía consigo un equipo de protección adecuado que soportara altas temperaturas, entró sin repasar y vio a tres niños que intentaban ponerse a salvo de las llamas que los amenazaban.

Martha se metió entre las llamas, los fue tomando uno a uno entre sus brazos y los fue sacando del lugar que a cada segundo se llenaba de la nube oscura. Cuando sacaba al último niño vio que la tela del pantalón que le cubría la pierna derecha estaba totalmente quemada, al igual que su miembro inferior.

Han pasado nueve años de ese incendio. En su pierna derecha todavía se pueden ver las cicatrices que quedaron de esa quemadura de segundo grado que le recuerda las tres vidas que salvó en esa ocasión.

Según el comandante Iván Tijerino, de la Dirección General de Bomberos, Martha Urbina es la única mujer que trabaja en la línea operativa de Managua, y de igual forma, una de las dos mujeres bomberos que hay en el país, la otra está en Estelí.

A sus 42 años, Martha cuenta que los doce que lleva apagando fuegos han sido lo mejor que le ha ocurrido en su vida, por la experiencia de salvar personas que se repite muy a menudo. Ella trabaja en la Estación de Bomberos del Mercado Iván Montenegro.

LA MUJER

En su casa Martha Urbina es como cualquier mujer. Se maquilla, se pone vestidos, aretes y sale a pasear con sus hijos; pero al llegar a su trabajo se pone el casco, el uniforme y se sube al camión de bomberos para cumplir su misión: salvar vidas.

La bombera expresa que por ser una de las dos mujeres apagafuegos del país, una de las cosas más difíciles que enfrenta es separarse de sus seis hijos cada vez que se va a trabajar o debe salir del país para representar a Nicaragua en alguna competencia bomberil femenina.

COMO CUALQUIER HOMBRE

Según Urbina, desde que comenzó a trabajar, cuando tenía 12 años, estuvo rodeada por hombres. Primero en la Cruz Roja de Bluefields, de donde es originaria, y luego en el Ejército, donde trabajó por 13 años.

“En el Ejército me especialicé en primeros auxilios, estuve en el Ejército 13 años, ya de ahí pasé para acá, a la Dirección General de Bomberos y seguí trabajando en primeros auxilios”, comenta.

En su oficio como bombera, Martha asegura que no tiene inconvenientes con sus compañeros varones, ni la sobreprotegen por ser mujer.

“Aquí es igual, todos somos iguales, ellos varones y yo mujer. Tal vez la diferencia que hay es en el respeto, siempre me respetan como mujer; pero a la hora de trabajar, trabajamos igual, no hay diferencia de que ese trabajo yo no lo pueda hacer porque sea de hombres, no. Trabajo igual que ellos, a la par de ellos”, dice.

La “apagafuegos” cuenta que entre las limitantes que enfrenta a la hora de hacer su trabajo están esas situaciones en las que requiere de fuerza física, y que en algunos casos no está a su alcance.

“Cuando hay que hacer un rescate y la persona afectada tiene el doble de peso que yo, a mí se me limita ese rescate, tengo que solicitar ayuda a mis compañeros varones”, asegura.

Cuando a Urbina se le pregunta acerca de la limitaciones que enfrenta a la hora de realizar su trabajo, ella menciona que en su oficio son muy pocas las limitaciones, que más bien los problemas los tiene para cumplir su trabajo.

“Una de las cosas más duras y difíciles es separarme de mis hijos, porque a veces tengo turnos de trabajo muy extensos y esos días no los veo”, lamenta.

Para Martha las labores se extienden por 48 o hasta 72 horas, pues hace turnos en la Estación de Bomberos de esa duración, alternándolos con días de descanso.

“Trabajo 48 horas y descanso 72, después trabajo 72 horas y descanso 48”, explica.

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