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Gustavo Zerbino vivió a los 19 años una de las experiencias más fuertes que humano alguno haya vivido. El avión en que viajaba chocó contra un pico y cayó en un glacial de la cordillera de los Andes, donde nunca humano alguno había pisado. Trece de los 45 murieron ese día. Zerbino sobrevivió al impacto. Sin embargo, en los siguientes 73 días vio morir a 16 compañeros más, quedó ciego por el resplandor de la nieve, se le engangrenaron las piernas, soportó temperaturas de hasta 40 grados bajo cero, sufrió una avalancha que lo sepultó vivo, bebió agua hecha de nieve mediante un ingenioso artilugio que la adversidad les inspiró y comió carne de sus propios compañeros muertos. “Nunca fui más feliz que esos días en las montañas”, dice Zerbino, de 53 años, y de visita a Nicaragua donde fue invitado a dar una conferencia sobre “Gestión en la adversidad”, una materia en la que se graduó con honores aquel 1972. >> |
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