|
He oído cantos de arenas, sin ningún quebranto. Emprendo viajes delirantes al fondo de los mares. Veo danzas nuevas, ritmos envolventes. Por la noche vuelo más allá del horizonte hacia una constelación insospechada. Escucho lamentos de estatuas destrozadas. En la madrugada despliego aromas tibios vahos y uvas dulces, olorosas. Soy poeta de Dios hija poeta de otra poeta.
|