Quinientas noventa y dos familias rurales empobrecidas, hacinadas y afectadas por el mal de Chagas en las comunidades de El Cuje y Cayantú, municipio de Totogalpa, Madriz, concluyeron el mejoramiento de sus viviendas con el fin de reducir los hospederos del chinche, transmisor de la enfermedad.
Con la ayuda de la Agencia de Desarrollo Económico Local de Nueva Segovia (ADEL, NS) y recursos del Instituto de la Vivienda Urbana y Rural (Invur) y el Fondo Social de Viviendas (Fosovi), los beneficiarios mejoraron las condiciones de sus viviendas en piso, techo y paredes.
EL PROYECTO
El proyecto surgió en el año 2005 a solicitud del Ministerio de Salud (Minsa) del departamento de Madriz, que había identificado que la mayoría de las viviendas de estas comunidades servían de hospederos del chinche portador del mal de Chagas y que registraban casos positivos de afectaciones entre sus pobladores.
En estas comunidades tradicionalmente construyen sus viviendas con materiales que disponen en su medio y básicamente las paredes son de taquezal y adobe, techo de teja o paja y piso de tierra. Desde su construcción presentan grietas por falta de repello, lo que sirve de criadero del chinche.
Por esas condiciones de vulnerabilidad y hacinamiento con animales domésticos los afectados son principalmente niños y niñas que representan más del 50 por ciento de los pobladores.
Veinte fueron las comunidades que recibieron el beneficio, y que de acuerdo con la información brindada por Norvin Medina Sánchez, encargado de seguimiento y control del proyecto ejecutado por ADEL, NS, el monto total de lo invertido en el mejoramiento de las viviendas fue de casi siete millones 76 mil córdobas, incluyendo el aporte de la comunidad valorado en casi un millón de córdobas.
TRABAJO TESONERO
Programado para ejecutarse inicialmente en cinco meses, el proyecto se prolongó a nueve meses por dificultades como la migración de familias beneficiadas a los cortes de café, la escasez de agua en el verano, lluvias en el invierno, distancias alejadas del punto de acopio de materiales y las actividades de subsistencia alimentaria.
Medina destacó que las familias aportaron el quince por ciento del costo total de la obra, haciendo grandes esfuerzos en la reparación de caminos, traslado de materiales en distancias hasta de seis kilómetros y como ayudantes de albañilería.
Doña Arcadia Aguilar Zamora, habitante de la comunidad de El Horno y una de las beneficiarias del proyecto de viviendas, atribuye al Chagas como el principal motivo de sus males y los de su familia.
Relató que en su casa de madera rolliza y paja el animalero en las paredes ni siquiera dejaba dormir en paz a su familia y cuando ya no aguantaban la picazón tenían que levantarse a encender ocote para quemarlos, pero de nada les servía porque al día siguiente el montón de huevos que habían dejado los chinches amontonados en la pared reventaban y volvía nuevamente la misma historia.
Según sus palabras, el problema quedó atrás, ya no tienen chinche en casa después de que “el Chagas” —a como le llaman al proyecto de mejoramiento de viviendas de ADEL, NS— les ayudó a repellar el adobe, cambiar el techo y embaldosar el suelo. “Bendito sea Dios que llegaron estos proyectos”, insistió.
Los factores de riesgo para el mal de Chagas incluyen la pobreza y el hecho de vivir en una choza donde los insectos chupasangre, (chinches) viven en las paredes y techos de las casas de adobe y paja.