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Dos días después del sismo los peruanos continuaban identificando a los cuerpos sacados de entre los escombros. (LA PRENSA/AP)
Decenas de cadáveres en patios y parques
Jeanneth Valdivieso
AP

PISCO, Perú.- Un pedazo de cartón con el nombre de "Irma Muñoz", escrito a lápiz, identifica uno de los más de 30 cadáveres que yacen en el patio del hospital a la espera de que sus familiares puedan enterrarlos, a dos días del devastador terremoto que azotó el Perú y que afectó a miles de personas que pasan las noches a la intemperie y que ruegan por comida y agua.

"Yo tengo a mi mamá (fallecida) en mi casa, pero no consigo el cajón (féretro). Ya me han dado una orden para enterrarla en el cementerio de Pisco pero no tengo el cajón que es lo más importante", dijo a la AP, Raúl Santaria, de 25 años, que trabaja como taxista de motos.

Su madre, Francisca Ozco, de 55 años, vendía golosinas en una esquina cuando le sorprendió el terremoto de 8 grados el miércoles, relató su hijo, que al recordarlo rompe en llanto tratando de ocultar las lágrimas con sus manos.

Como Santaria, Carol Poma espera que alguien done seis féretros para su mamá, su hermana y dos sobrinos (de tres años y nueve meses). Otros dos todavía están desaparecidos. Todos murieron bajo vigas y restos de las paredes de la Iglesia San Clemente cuando asistían a la misa fúnebre al mes de la muerte de Nery Espino Lébano, un familiar.

“NO TENGO DINERO PARA ENTERRARLOS”

Sentada frente a los cadáveres en el patio del hospital San Juan, donde se instaló la morgue, Poma no puede dejar de llorar. "No tengo dinero para enterrarlos, no tengo nada y todo lo que tenía lo perdí", afirmó la mujer madre de dos hijos y que tiene cinco meses de embarazo.

Coincidentemente, el presidente Alan García anunció por radioemisoras que se realizará un censo de damnificados y que se entregarán 1.000 soles a quienes han perdido un familiar y 6.000 soles para la reconstrucción de viviendas.

García dijo a radio Nacional "nadie morirá de sed, ni morirá de hambre. Eso lo puedo garantizar"

"Yo creo que producido el entierro que es un hecho dramático, sabiendo que los heridos están bien atendidos... se podrá recuperar la tranquilidad y se podrá organizar la distribución de alimentos y la reconstrucción de viviendas", señaló.

Dijo que espera que en "10 días" la situación tienda a normalizarse pero el plan de rehabilitación durará "algunos meses".

REFUGIOS IMPROVISADOS

A dos cuadras del hospital, carpas e improvisados refugios armados con frazadas ocupan el parque central de Pisco para quienes perdieron sus casas, la mayoría construidas de adobe y paja. Sus pertenencias están sepultadas bajo los escombros y no tiene más que lo que llevan puesto.

Entre la sensación que produce el intenso frío y las réplicas del terremoto en Pisco, la gente pasó la noche esperando que amaneciera para poder rescatar algo de sus pertenencias.

El jefe de bomberos a cargo del operativo de rescate, Jorge Vera Corrales, dijo que la ciudad de Pisco está destruida en un 85%, según las primeras evaluaciones.

Sorprendido cuenta que en la madrugada lograron rescatar con vida a un hombre que no pudo identificar. "A ratos se pierden las esperanzas (de encontrar a alguien vivo) pero ha sido sorprendente, por eso no nos iremos hasta rescatar el último cuerpo", señaló. El jueves otros dos hombres fueron rescatados con vida. Todos están en condiciones estables.

DECENAS PERECIERON EN IGLESIA

Esta población ubicada frente al mar fue una de las más afectadas por el terremoto y aunque no se conoce el número total de muertos aquí, al menos 50 cadáveres han sido rescatados entre los escombros de la iglesia, principalmente.

Santos Pasache, de 46 años, dedicado al comercio, tiene su cabeza cubierta con una venda por una fractura. Le cayó encima una viga de la iglesia. "Estuve dos horas sepultado y logré salir ayudándome con mis manos". "Fue terrible, la gente gritaba desesperada mientras veía como caía a pedazos la iglesia, que al primer sacudón se destrozó", dijo.

Su hija, Leisy, de 20 años y que estudia Derecho en la Universidad de Ica, sigue atrapada entre los escombros.

Cerca de Pisco, en la comuna de San Andrés, las calles están repletas de piedras y lodo. La fuerza del mar llegó a las casas y se pueden observar barcas adentro del pueblo que fueron empujadas por las olas el día del terremoto.

Largas filas de personas se forman en el parque de Pisco para acceder a algo de comida y agua que reparten voluntarios y socorristas, pero el alimento es insuficiente.

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