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El cese de la ayuda sueca

El cese de la ayuda de Suecia no debería a estas alturas causar ningún impacto importante en la economía de Nicaragua. El país ha estado recibiendo ayuda externa desde hace tanto tiempo, que ya no debería necesitarla. El gobierno sueco ayuda a Nicaragua desde los años ochenta con importantes sumas de dinero. Sólo el año pasado aportó 21 millones de dólares. Hay otros países que ayudan a Nicaragua con más dinero que Suecia, como Japón, Estados Unidos y Dinamarca. Y también lo hacen desde mucho tiempo atrás. En realidad, lo que ha recibido Nicaragua en los últimos 25 años es para que su economía estuviera mucho mejor. El problema es que sus gobernantes no han sabido usar la cooperación internacional y además tienen la vieja maña de saquear las arcas del Estado, atropellar las leyes e irrespetar la propiedad privada. Y así no se puede salir de la pobreza y progresar.

Otros países, como Taiwán, que tiene menos ventajas que Nicaragua, que sufre la marginación internacional y la continua amenaza de China comunista, que posee muy pocos recursos naturales y un territorio de apenas 36 mil kilómetros cuadrados, experimentó un crecimiento económico que ni siquiera podríamos soñar. En 1975, las exportaciones taiwanesas eran de 5 mil millones de dólares. 25 años después, en el 2000, ascendían a 120 mil millones. Lo mismo puede decirse del desarrollo de los países europeos. El monto del Plan Marshall —que sirvió para la recuperación económica de Europa Occidental, luego de la Segunda Guerra Mundial— representó menos de la décima parte de los 233 mil millones de dólares que gastó Venezuela entre 1974 y 1983, como producto de la venta de petróleo. ¿A dónde fue a parar ese mar de dinero venezolano? ¿Cuál es hoy día la diferencia en términos de desarrollo entre Alemania o Francia y Venezuela, a pesar de que los petrodólares siguen corriendo como ríos por las calles del país suramericano?

La razón del desarrollo de los taiwaneses y los europeos es sencilla: se han dedicado a trabajar duro, a asegurar una democracia sólida, a garantizar el imperio de la ley y a plantear una feroz lucha contra la corrupción de los funcionarios públicos. No son las ideologías políticas mesiánicas las que levantan del suelo a los pobres de mundo. Tampoco es el monto de la ayuda internacional. Es el trabajo disciplinado en un ambiente de libertades democráticas y de control de la corrupción, lo que saca a las naciones de la pobreza y el atraso.

Durante el gobierno sandinista de los años ochenta, ingresaron al país varios miles de millones de dólares en ayudas y préstamos, de lo cual no quedó nada. Cuando Daniel Ortega perdió las elecciones ante la UNO y doña Violeta Barrios de Chamorro, entregó un país saqueado, una economía arruinada y la deuda externa e interna más grande de su historia. El desarrollo social en aquella década fue prácticamente nulo y más bien el país retrocedió varias décadas. Pero los comandantes sandinistas así como los principales funcionarios del gobierno quedaron con los bolsillos repletos, dueños de ricas propiedades y viviendo en mansiones de lujo, en las zonas residenciales más exclusivas del país. La economía del país volvió a crecer hasta 1994. Según un informe económico redactado por Vittorio Corbo en julio de 1999, mientras que a fines de los ochenta, el país enfrentaba una desatada hiperinflación y una fuerte recesión, el crecimiento de la economía nicaragüense pasó de cero por ciento entre 1991 y 1993, a un 4.3 por ciento en el período de 1994 a 1998.

El gobierno de Arnoldo Alemán produjo algún desarrollo, especialmente en infraestructura, como construcción de carreteras, puentes, caminos de penetración, mejoramiento de los barrios, etc. Lamentablemente Alemán también practicó una política de corrupción generalizada que le costó al país muchos millones de dólares, por lo cual cumple formalmente una sentencia de 20 años de prisión.

El uso indebido de los recursos del Estado y de los fondos de la cooperación internacional debe terminar. De lo contrario, al margen del monto de la ayuda que el país reciba siempre habrá subdesarrollo, pobreza, desempleo, hambre, falta de medicinas, de hospitales y de escuelas.

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