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La ayuda sueca se va de Nicaragua
Cornelio Hopmann
El autor es ingeniero en Informática, desde 1983 observador cercano de la asistencia sueca a Nicaragua.

Después de 28 años de cooperación oficial con Nicaragua, el Gobierno sueco anunció públicamente el 27 de agosto lo que ya se sabía desde algún tiempo: Nicaragua en el futuro no estará entre los países enfocados por la cooperación sueca en América Latina; por tanto se terminarán los proyectos y programas acordados, pero hasta ahí y no más.

Nicaragua no es el único país que no pasó la evaluación en cuanto a la efectividad de la asistencia. Suecia se retira de más países. Tampoco el gobierno actual tiene mucho que ver en la decisión, la cual es resultado de un proceso evaluativo iniciado bastante antes que este tomara posesión.

Aunque quizás en volumen monetario la asistencia sueca no haya sido la más grande, Suecia ha jugado un papel clave en todo el proceso de cooperación externa para con Nicaragua, desde sus inicios en la euforia de la Gran Cruzada de Alfabetización, en el apoyo sostenido en los tiempos duros de la guerra, en la fase de posguerra del Gobierno de doña Violeta, en la asistencia después del Mitch y por ende en la coordinación de los donantes oficiales durante el gobierno de Enrique Bolaños. Al fin se decidió que en el marco de las prioridades suecas, Nicaragua no es un país donde la asistencia sueca pudiese marcar una diferencia, y por tanto Suecia se retira.

Las causas de fondo no están en Suecia, sino que se originan en Nicaragua misma: cuando se trata de programas bilaterales de cooperación entre Estados, el Gobierno del Estado aportante espera ver en el país receptor cambios estructurales, mostrando que su asistencia haya sido efectiva para cambiar y mejorar. La cooperación bilateral pretende ser ayuda inicial para que el país camine después por sí solo, pero no es limosna ni compensación de fondos nacionales insuficientes. Entonces siempre es asistencia por tiempo limitado, sea porque se alcanzó los objetivos, sea que resultó que los objetivos son inalcanzables, por tanto no vale la pena meterle más granos a un saco roto.

Veamos entonces los objetivos de la cooperación sueca, los que de una y otra forma comparten los otros países europeos. El primer objetivo era la superación de la pobreza por medio de un desarrollo económico propio. Nicaragua no alcanzó este objetivo, ni quiera logró establecer una dinámica propia de crecimiento. Las raquíticas mejoras se deben a vaivenes en los precios de los bienes exportados, no a cambios sustanciales en su volumen ni en sus características, y al traslado de la industria de maquila desde países menos pobres a la Nicaragua más pobre. Se debe restar el efecto de las remesas por ser precisamente un síntoma de la falta de perspectivas nacionales. Poco tiene que ver en esto la cooperación sueca, al contrario. Me consta, que desde 1985 Suecia ha intentado en vano contribuir a un plan energético nacional o a una estrategia nacional de ciencias y tecnología, ambos a largo plazo. Los nicaragüenses siempre recibieron con beneplácito los fondos y la asistencia, para engavetar después diagnósticos y planes hasta la próxima.

El segundo objetivo era el buen gobierno, caracterizado por el respeto a los derechos humanos y las libertades individuales, por el Estado de Derecho y en fin por la estabilidad y transparencia de las instituciones públicas. Si analizamos con objetividad la situación desde del fin de la fase de posguerra para la fecha, Nicaragua no avanzó mucho tampoco. Poco puede aportar Suecia para superar la desinstitucionalidad del país, pues al parecer ella es parte de la idiosincrasia nacional. Por último, Suecia sigue dispuesto a aportar ayuda en situaciones de emergencia humanitaria profunda. En este particular hay muchos países africanos en condiciones mucho más deplorables que Nicaragua.

Como es asistencia de Estado a Estado, no de Gobierno a Gobierno, en la evaluación tiene poca importancia quién es “el culpable” del fracaso. Durante 28 años los diputados suecos —los que al fin tienen que autorizar los fondos— escucharon de cinco gobiernos nicaragüenses bastante diferentes el mismo cuento “El culpable es el gobierno anterior” y sacaron la única conclusión posible: Nicaragua no sirve, o al menos los nicaragüenses no son capaces de establecer un gobierno, que sirva, ... y ordenan con justa razón la retirada. Dado el rol emblemático de la asistencia sueca, no nos debe sorprender si otros países, en particular de Europa, lleguen a las mismas conclusiones con las mismas consecuencias.

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