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El pueblo empresario
César Zamora
El autor es presidente de Amcham.

Existen prejuicios que degeneran en ficción y que se quieren perpetuar en la conciencia colectiva. Al concepto “empresario”, sinónimo de malo y satanizable, se le contrapone otro concepto, el de “pueblo”.

Lo que creíamos como un ideal de la revolución — la libertad como fin supremo— se convirtió pronto en un engaño que degeneró en el poder absoluto del cacique de turno. El “pueblo” como justificación suprema e irrefutable se manipuló con habilidad.

Hoy el verdadero pueblo demanda empleo. Ningún discurso ha generado más productividad o riqueza. El pueblo trabaja en la búsqueda del bien común. Todos tenemos que aportar de manera equitativa.

Cuando uno arriesga su dinero, tiempo y esfuerzo con la esperanza de obtener un rédito, se hace empresario. Cuando alguien busca cómo ganarse la vida independientemente e invierte para tener un taxi, una pulpería, un restaurante o un taller de mecánica, se convierte en empresario.

Ser empresario conlleva características personales que son inherentes a lo mejor de nuestro pueblo. Hoy en Nicaragua son empresarios hasta los que no quieren serlo.

Vamos a un caso cierto. El doctor Mario Sequeira, mi amigo, es empleado estatal en un hospital durante la mañana. En la tarde atiende su consulta médica privada y los fines de semana lo invierte en la crianza de ganado. Es decir, el doctor Sequeira es empleado, empresario y ganadero.

La labor empresarial se difunde a una variedad de actividades cotidianas, que le son innatas al ciudadano y al pueblo. La clase empresarial en Nicaragua ha dejado de ser un grupo de la élite económica-social. En la actualidad el sector no está determinado ni sujeto a los límites de tamaño de las empresas. Hoy la pequeña empresa genera más empleo que las grandes.

Los empresarios en Nicaragua no son pocos, y no entienden de adjetivos como “patrióticos” o “peleles”. Los empresarios se saben ciudadanos y parte integral del pueblo. La transformación de la vida empresarial seguirá teniendo lugar en Nicaragua, mientras exista el mercado como institución económica. Los que generan riqueza son los empresarios (sin adjetivos). Un gobierno será exitoso si entiende que una de sus tareas principales es facilitar el ejercicio empresarial de sus ciudadanos.

En cuanto a los empresarios en política, Nicaragua vive en un entorno político que será definitorio para determinar qué sucederá con la economía del país en los próximos años. La economía nacional no puede ser ajena a las condiciones políticas que vive el país. Los empresarios no podemos desatendernos del bien común, ni vamos a abdicar de nuestra responsabilidad. Existe un legado de inteligencia y valentía en el empresariado nicaragüense que se debe retomar.

La clase política tiene su esfera de acción y su responsabilidad. En esta etapa, era lógico esperar proclamas de los políticos para que los empresarios tomáramos partido. Los gremios empresariales estamos abocados en lo político a darle credibilidad al mercado como institución económica.

La mejor calidad de la relaciones gobierno-gremios empresariales se dan cuando se consolida el diálogo como mecanismo. Los espacios políticos no pueden ser sólo de confrontación.

Los empresarios no podemos ser puente entre el gobierno y la oposición política. Esa no es nuestra tarea. Para eso, en Nicaragua los empresarios tenemos tres formas de participar en política: militantes, simpatizantes y electores. La primera opción —militante— actualmente es problemática por múltiples razones; entre éstas, los prejuicios, la economización de la política y el clientelismo.

Las dos últimas —simpatizante y elector— son más saludables: no requieren compromisos fijos y los plazos son específicos. Frente a la urna, los empresarios sabemos definir nuestras simpatías y cumplir con la obligación ciudadana.

Es por ello, que Amcham opera, desde su creación, con una filosofía y principios, donde existen acuerdos tácitos, no escritos. Somos un grupo de empresarios que respetamos las preferencias políticas individuales de los socios.

Pero Amcham como gremio es totalmente apartidista, lo que es una más de nuestras fortalezas. En Amcham no sólo somos empresarios, somos ciudadanos responsables que queremos contribuir a la búsqueda de la verdad y el bien común. Eso nos hace ser pueblo.

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