Para evitar cualquier confusión, dejo sentado de entrada que considero que, por ahora, la decisión del Gobierno de Nicaragua de continuar su reconocimiento al Gobierno de la República de China con sede provisional en Taiwán es correcta.
La prioridad deben ser los intereses de los nicaragüenses y creo que en las actuales circunstancias eso es lo más conveniente desde el punto de vista de nuestra economía y de la atención a nuestras necesidades sociales.
Eso es una cosa. Pero otra cosa diferente es involucrarse en uno de los más serios conflictos internacionales del momento. El único, diría yo, que puede explotar en una guerra mundial. Nicaragua debe estar en esto pecho en tierra y las declaraciones de los funcionarios deben ser muy discretas. Grave error el del vicepresidente Morales declarando lo que declaró, que entre otras cosas, lo pone como un ignorante en materia de derecho internacional.
China es una sola nación. Así lo entienden las Naciones Unidas y los demás organismos internacionales. Pero es una nación que tiene dos gobiernos, uno en Beijing y otro en Taipei. Ambos gobiernos pretenden oficialmente representar a toda China. El gobierno de Beijing es el reconocido por las Naciones Unidas desde octubre de 1971 y por todos los países del mundo, menos 24. Nicaragua es uno de esos 24 y ello le ha sido de mucho provecho. Provecho que llega hasta cierto punto, porque Beijing controla una de las economías más fuertes del planeta y tiene todo el poder diplomático y político que le da su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Costa Rica ya decidió que le convenía más seguir la ruta contraria. Ellos saben lo que hacen.
Taipei gobierna sólo una de las provincias chinas, Taiwán. Taiwán no ha sido nunca una nación independiente, y no lo es todavía. Podría llegar a serlo, pero el intento de independencia de Taiwán, además de ser un asunto interno chino, se enfrentaría con la firme y declarada oposición de Beijing que ha dicho que, en esa eventualidad, recurrirá a las armas.
La gran potencia, Estados Unidos, reconoce oficialmente que el gobierno de Beijing es toda China, Taiwán incluida, pero sostienen que la unión efectiva de la isla con el resto de China debe lograse por medios pacíficos. Para dar cuerpo a su criterio mantienen una poderosa flota en el estrecho de Formosa que separa Taiwán de China. Hasta donde se aprecia por las noticias internacionales, el Gobierno norteamericano no apoya ningún movimiento independentista de Taiwán. Eso debe resultar obvio habida cuenta el horror de lo que estaría en juego en una guerra contra China.
Nicaragua debe velar por sus intereses, pero no debe hacer el ridículo juntándose a un grupo de pequeños países que en foros internacionales abogan vanamente por la incorporación de Taiwán como miembro.
Repito mi opinión: en este asunto Nicaragua debe estar pecho en tierra.