CLASES DE PERIODISMO
Cuando el Frente Sandinista perdió las elecciones en 1990 y los comandantes buscaban qué hacer con sus nuevas vidas, Bayardo Arce aventuró un escenario que algunos recibieron con sonrisa de burla. “Podría dedicarme a dar clases de periodismo, porque yo soy periodista”, dijo en una entrevista. Yo, que para ese tiempo era estudiante de Periodismo, por un lado me preguntaba qué clases de periodismo podría dar alguien que durante 10 años entendió el periodismo como “propaganda y agitación política”, pero por el otro también creía que esa misma experiencia desde un gobierno que censuró y entendió a los medios de comunicación como “instrumentos en la lucha contra el enemigo” podría haberle provocado una profunda reflexión para, desde su experiencia, ayudar a que ese tipo de periodismo no volviera nunca más. Como el adicto cuando da su testimonio. La cosa es que Bayardo Arce no dio las clases y nunca sabremos de qué periodismo hablaba en ese entonces.
ANTIPERIODISMO
Sin embargo sabemos de qué periodismo habla ahora, cada vez que recuerda que alguna vez fue periodista. El periodismo de Arce es uno donde la culpa del alboroto que se armó porque Ortega quiere reelegirse es del periodista que preguntó y no del diputado que lo propuso, un periodismo que publicite sólo lo bueno, donde sean los entrevistados quienes manejen las entrevistas y los periodistas no hagan preguntas inoportunas. ¿Cómo un periodista puede volverse tan antiperiodista?
MENTIRAS
No sé usted pero yo estoy aburrido de oír tantas mentiras de los políticos. Se han acostumbrado a decir cualquier cosa para no aceptar lo evidente. De esta forma, los ministros renuncian “por motivos de salud”, una sala de la Corte se reúne por la noche sólo con magistrados sandinistas porque no encontraron a “ninguno liberal y los sandinistas estaban ahí por casualidad” o hay diputados que no hacen quórum en alguna sesión importante porque tienen “una diligencia que hacer”. Al final, deshacen el país, y ellos no tuvieron que ver. Fue el destino.
AQUELLA REBELIÓN
Se acuerdan que hace algún tiempo los usuarios de los llamados “intermortales” protestaron hastiados por el maltrato y la temeridad de los dueños y conductores de esas busetas que viajan de Managua a los departamentos. La grita fue tal que la Policía reaccionó poniendo multas a granel y el Ministerio de Transporte metió en cintura a los abusivos. Parecía que por fin había justicia en este mundo. Los más débiles habían sido escuchados.
PAGO POR VER
No habían comenzado los usuarios a celebrar su victoria cuando vino la embestida de los buseros. Protestas violentas. Negociación y promesas. El acuerdo era que los buseros se sometían a todas las disposiciones que exige la ley sí y sólo sí les aumentaban sustancialmente la tarifa del pasaje. Se la aumentaron y los usuarios miraron con recelo, pero aceptaron. “Pagamos más pero mejora el servicio”, dijeron.
VUELTA ATRÁS
Dos meses después, si el Ministro de Transporte, Fernando Martínez, o la jefa de la Policía, Aminta Granera, se tomaran un día la molestia de montarse en una de estas busetas comprobarían fácilmente en qué quedó la protesta de los usuarios. Las unidades se siguen llenando como latas de sardinas, volvió la “banquita” y la temeridad al conducir. El único cambio fue en el valor del pasaje.