Cuarenta dólares puede parecer una cantidad pequeña. Sin embargo, depende de en los bolsillos de quién. En los del presidente venezolano Hugo Chávez la diferencia entre tenerlos y no tenerlos puede ser gigante. “No es lo mismo Chávez a 100 dólares el barril que a 60 dólares (o menos)”, dice Aníbal Romero, profesor de Teoría Política de la Universidad Metropolitana de Caracas.
Tanto él como muchos interesados en la evolución política de Venezuela estiman que la caída de la renta petrolera puede obligar al gobierno venezolano a tomar algunas decisiones nada fáciles en los próximos meses. “Chávez va a estar en un serio dilema”, anticipa el académico.
Sucede que podría llegar a tener que optar por sostener el gasto interno y perder al menos parte de la influencia que ha obtenido por medio de su petrodiplomacia.
La razón de ello es que, si bien Caracas cuenta con reservas de más de 100 mil millones acumuladas a lo largo del auge de los commodities, los elevados costos de los subsidios que otorga el gobierno venezolano, un crecimiento del gasto público del orden del 45 por ciento, las serias limitaciones de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) de incrementar su producción de crudo, el elevado costo de la política exterior y el deterioro del aparato productivo son insostenibles todos a la vez.
“La caída en picada de los precios del petróleo en las últimas semanas, en momentos en que la economía mundial avanza hacia una recesión, sugiere que la fiesta se está acabando rápidamente”, señala un informe sobre Venezuela y Ecuador elaborado por J.P. Morgan.
Los precios del petróleo han caído en más de 60 por ciento, a menos de 50 dólares, desde que alcanzaron en julio su máximo histórico de 147.27 dólares.
AL BORDE DEL ABISMO
La cesta venezolana de crudo se negociaba a finales de octubre en 61.09 el barril. (En la última semana de noviembre cayó a 39.59 dólares). Según J.P. Morgan, los altos precios del petróleo le permitieron a Venezuela disfrutar de un holgado superávit de su cuenta corriente este año, pero la tendencia podría cambiar drásticamente si la actual debilidad de los precios se mantiene a lo largo del tiempo.
Para la institución financiera, el número mágico son los 70 dólares el barril. Por debajo de eso, el país comenzaría a registrar un déficit de la cuenta corriente.
“Asumiendo que los altos niveles de gasto y de importaciones estén aquí para quedarse, cada caída de 10 dólares en el promedio anual del crudo conduciría a un incremento de 3.25 por ciento del PIB en el déficit de la cuenta corriente de Venezuela en 2009 y a un aumento de 1.5 por ciento del PIB del déficit fiscal”, concluye el informe.
Dentro de las opciones a disposición del mandatario para evitarlo está la posibilidad de aplicar recortes a su ambiciosa agenda internacional, que incluye el respaldo económico y el suministro de petróleo bajo términos preferenciales que Venezuela otorga a algunos países con cierta afinidad a su ideología. Según estimaciones del Grupo Asesor Petrolero Venezolano, Chávez ha gastado más de 30,000 millones de dólares en avanzar su agenda diplomática por medio de medidas como la antes señalada.
Otra alternativa a disposición de Chávez es la de postergar sus planes de renovar su arsenal militar, que hasta el momento ha involucrado contratos para adquirir 54 helicópteros y 38 aviones rusos de combate, 24 aviones chinos de entrenamiento, 20 aviones súper tucanos brasileños, misiles tierra-aire, sistemas de radares, y 100,000 rifles de asalto AK.
El Gobierno también podría optar por la reducción del gasto social y la eliminación de subsidios, como el que mantiene los precios de la gasolina en tres centavos de dólar por litro, y el sobrevaluado tipo de cambio fijo oficial que ayuda a contener la inflación al abaratar los costos de las importaciones.
INSISTENCIA
Romero dice que el gobierno venezolano probablemente tratará de mantener con vida todos los programas, aunque en una menor proporción, y dijo dudar de que esa estrategia le dé un buen resultado.
“Él (Chávez) probablemente va a tratar de mantener ambas cosas (el elevado costo de su política exterior y el elevado gasto público dentro del país) en términos reducidos, pero el resultado va a ser descontento por todos lados. Descontento por parte de sus aliados radicales en el resto de América Latina que han terminado esperando mucho de él, y descontento por parte de sus aliados internos, que igualmente se han acostumbrado al aporte populista de un gobierno dadivoso y rico”.
Otros analistas coinciden en que la influencia de Chávez en América Latina se verá perjudicada si comienza a disminuir el grado de ayuda que Venezuela brinda a algunos de estos países.
“Es una fórmula basada exclusivamente en el dinero”, dice John Price, director gerente de la firma de asesores Kroll InfoAmericas.
“La aceptación de Chávez fuera de Venezuela en las encuestas está en el mismo nivel de la popularidad del presidente George Bush, alrededor de un 24 por ciento. Así que no es un personaje popular”, arguye.
Y agrega que “la razón por la cual tantos líderes de la región están dispuestos a involucrarse con él es muy simple: se debe a la cantidad de cosas que está dispuesto a dar, ya sea a través de la entrega directa de dinero, o porque está dispuesto a postergar bastante en el futuro el pago de las compras de petróleo”.
La disposición del Gobierno de otorgar crudo a términos blandos es posible debido a los altos precios del barril de crudo, en comparación con el relativamente bajo costo que le cuesta al país producirlo (que hoy está en el orden de los 15 dólares), hecho que da cierta garantía de que Venezuela obtenga una ganancia en la transacción.
El caso es diferente en lo que concierne al subsidio interno de los precios de la gasolina, cuyo costo algunos proyectan en más de 10,000 millones de dólares al año. Sin embargo, el primero —pese a que todavía deja ganancias— es más fácil de eliminar que el segundo, debido a que tendría menos repercusiones políticas adversas para el gobierno de Chávez.
Pero no todo serán consideraciones numéricas. En lo que concierne a Cuba, analistas creen que la inclinación de Chávez sería la de seguir actuando como Santa Claus hasta el último momento. Eso que la isla es el componente más costoso de su petrodiplomacia.
“Para Chávez va a ser un caso de escoger a futuro quiénes van a ser sus amigos. Pero en el caso de Cuba, ése va a ser el último sitio donde va a querer recortar. Va a recortar en otros primero, y va a tratar de resistir hasta el final, pero eventualmente también podría verse obligado a recortar allí también”, dice Price.
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