Managua
04:16 am
16.01.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Impulsar revolución de la honradez
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es médico

En distintas ocasiones he expresado la necesidad de combatir, no demagógicamente sino de manera efectiva, acciones para reducir los niveles de desigualdad y de pobreza existentes en el país, los cuales ya resultan moralmente inaceptables.

En su libro de reciente publicación ¿Qué debemos hacer para salir de la pobreza?, Alfredo González Holmann, además de haber realizado un excelente, encomiable y responsable trabajo de investigación sobre las causas de la pobreza que padecemos, también hace recomendaciones de solución. La libertad y la democracia, dice Alfredo, son vitales para desarrollar creatividad e investigación, las cuales deben estar sustentadas en la educación, especialmente en las carreras técnicas, como forma de avanzar en nuestro desarrollo y por ende disminuir la pobreza. Comparto plenamente con Alfredo los criterios expresados, y considero que este libro debe ser leído por los educadores, puesto que la educación ha sido y continuará siendo la base fundamental en el desarrollo de las naciones.

Pueden ser múltiples los factores que han incidido en la causa de nuestro subdesarrollo y en los dramáticos niveles existentes de pobreza, sin embargo, en mi opinión, han sido dos los factores principales; la profunda falta de visión estratégica de nuestros gobernantes y la falta de honradez, tanto de los mismos gobernantes y sus funcionarios como de nosotros mismos, los ciudadanos.

Esa falta de visión estratégica, junto con la falta de honradez, nos han llevado a una situación de pobreza ofensiva y vergonzosa. Según datos del PNUD la mitad de nuestra población vive en pobreza, más de 800 mil nicaragüenses en extrema pobreza, y más de un millón de ciudadanos viven con un dólar diario.

No sé si Nicaragua debería llamarse país con una situación de pobreza como la señalada anteriormente, puesto que la calidad de vida de los habitantes deber ser el parámetro fundamental a ser considerado para calificar los niveles de desarrollo de los mismos.

La falta de honradez no solamente depende de la ausencia de ese preciado valor de parte de los gobernantes y funcionarios públicos, sino también de los ciudadanos en general; y de manera particular de la clase empresarial, la cual está llamada a ser ejemplo inequívoco de honradez.

Del año 1990 a la fecha, entre piñatas, quiebras fraudulentas de bancos, robo, lavado de dinero y malversación del erario, suman más de 3 mil millones de dólares, cantidad con la cual se pudieron haber construido más de 300 mil viviendas dignas para más de un millón de nicaragüenses; o bien haber mejorado sustancialmente las calidades de los servicios de salud y educación, disminuyendo así los niveles de pobreza.

El combate efectivo a la pobreza será posible lograrlo impulsando una verdadera revolución de la honradez y eligiendo en los procesos electorales candidatos que demuestren tener sentido y visión estratégica. La revolución de la honradez debe empezar bajando sustancialmente el salario de los funcionarios públicos, revirtiendo esos recursos hacia los sectores efectivamente más necesitados. Es importante también producir una ley que establezca que los delitos por malversación de los caudales públicos y por enriquecimiento ilícito, tanto de los funcionarios como de las personas físicas o jurídicas, no prescriban nunca.

Así como un buen gobierno sólo se logra con buenos gobernantes, una revolución de la honradez sólo se logra con gente honrada; comenzando con la sustitución de la mayoría de los actores de la actual clase política, que son personajes enquistados como parásitos en las instituciones políticas partidarias y estatales.

La política debe ser un instrumento al servicio del bien común, y ser funcionario público debe ser un honor, un orgullo y una satisfacción poder servir a los demás; de allí la importancia, que independientemente de su condición social y económica, la gente buena, capaz y honrada, que afortunadamente aún existe en el país, comience a participar activa y decididamente en política.

En una ocasión le preguntaron al gran escritor español don José Ortega y Gasset, por qué España se encontraba tan atrasada en su desarrollo en relación a otros países europeos, como Inglaterra, Alemania y Francia. Don José dijo que la respuesta era muy simple; que mientras en esos países los mejores hombres y mujeres se habían involucrado y participado en política, los españoles no lo habían querido hacer.

No hay que sentarse a ver lo que pasa, sino participar para ser factor del cambio que necesitamos por medio de la honradez. Decía Platón que “una de las penalidades de rehusar a participar en política, es que usted termina siendo gobernado por sus inferiores”.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
© LA PRENSA 2006 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Festival de Poesía de Granada 2007
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda