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El FMI tiene que mejorar su conducta
Néstor Avendaño
El autor es economista

El FMI tiene que cooperar con el nuevo gobierno realizando la evaluación del impacto de sus consejos de política económica y de reforma estructural sobre la población pobre de nuestro país.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) en un país pobre y muy endeudado como Nicaragua no negocia si no impone sus condicionalidades de ajuste económico y de reforma estructural y, posteriormente, si no se cumplen sus exigencias, demuestra su fuerza con las amenazas de suspender la cooperación internacional multilateral, incluyendo mal intencionadamente los préstamos y donaciones atados a los programas y proyectos del sector público, lo cual se puede ejemplificar con la perorata del actual representante de ese organismo multilateral en nuestro país durante 2004 y 2005, quien sólo conoce las imposiciones del primer Programa “PRGF” y desconoce las vicisitudes de los dos primeros Programas “ESAF” del FMI en Nicaragua.

Creo que ahora sí tendremos una verdadera negociación con el FMI, porque las nuevas autoridades gubernamentales tienen una visión de nación y, con el respaldo de una nueva cooperación de origen venezolana que tiene ribetes más concesionales que varios préstamos multilaterales, facilitarán grandemente una mejora en la conducta del organismo multilateral.

Ya el FMI no goza del vacío político que existió en el quinquenio pasado, que surgió de las confrontaciones políticas del ex presidente Bolaños, y tiene que “reacomodarse” para iniciar el próximo diálogo con las nuevas autoridades, el cual, estoy seguro, tendrá una nueva calidad ya que su objetivo es la efectiva reducción de la pobreza que afecta a 4 millones de nicaragüenses.

Y el FMI, junto con su representante en Nicaragua, está obligado a comenzar a pensar cómo impulsar un crecimiento económico pro-pobre suficiente, cómo reducir la alta concentración del ingreso personal, cómo disminuir la gran inequidad en la distribución de la presión tributaria que se concentra entre los que tienen menos, cómo establecer un tipo de cambio pro-exportador y aminorar la dependencia de la cooperación internacional, cómo asignar correctamente los recursos liberados del pago de la deuda externa para atender la educación y la salud, cómo reducir la aceleración del nuevo endeudamiento multilateral y apoyar la gestión de más donaciones externas, cómo fortalecer la función reguladora de las instituciones estatales para impedir el libertinaje económico en el marco de la denominada liberalización de los mercados impulsada por el FMI y que ha provocado daños en el bienestar social y más endeudamiento a la población, cómo hacer más competitiva la tasa de interés en el mercado local para que no siga siendo un obstáculo para el crecimiento económico, entre otros temas relevantes.

Y, por supuesto, el FMI tiene que cooperar con el nuevo gobierno realizando la evaluación del impacto de sus consejos de política económica y de reforma estructural sobre la población pobre de nuestro país.

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