Luego de escuchar a Hugo Chávez proclamar en Caracas “patria, socialismo o muerte”, y repetirla el mismo día en Managua, seguido de Evo Morales gritando “muerte al imperialismo norteamericano” (todo ante las agitadas masas rojinegras y bajo la complacencia de Daniel Ortega en celebración de su toma de posesión) y continuando con más de lo mismo los días siguientes…, es difícil pensar sobre Nicaragua de otra manera que no sea la certeza que ha sido rápidamente entregada por quienes se creen sus dueños, los que de prisa enseñaron las uñas. Ninguno habla de injerencismo, aunque el coronel dijo que Ortega es su jefe de protocolo, y que Venezuela y Nicaragua… ¡tienen el mismo gobierno! ¿Es que seremos gobernados por Chávez, Ortega y otros más? Yo creo que sí. Pero esto al menos ha servido para que algunos finalmente pusieran los pies sobre la tierra, confirmando que Ortega no ha cambiado.
Los poderosos siempre se desbordan, porque a fin de cuentas les fascina exhibirse. Chávez censura a RCTV en Venezuela, y en Nicaragua ataca a LA PRENSA, como denunció en su editorial del 13 de enero. Nuestra historia asemeja la de un pueblo empujado a la piedra de los sacrificios, donde avispados sacerdotes acuchillan las entrañas de sus víctimas en alucinante ritual, cuya motivación es imponerse —por el miedo— como brujos mayores de la miserable tribu.
Sin duda estos años escuchamos y padecimos disparates de diversos personajes. De los nuestros se juntaron dos y confundieron a los incautos, se aprovecharon de los temerosos e indecisos y, preparados diligentemente para el festín mayor —la culminación de la parranda electorera— con pompa y derroche de mentirosos colores, música, poses, discursos, y prontos al reclamo y pago de deudas pendientes buscan, al mismo tiempo, entregar y someterlo todo. Esta oscurana empezó cuando ambos descubrieron que los desvelaban las mismas pesadillas, y el más miedoso vendió su alma.
Como para rematar esta locura, ahora desde afuera nos invaden otros disparates. Ortega, bajo mágicas vibraciones de filosas réplicas, corrió a los brazos del “alba bolivariana”, asunto del busca-pleitos internacional que ronda la periferia y luce boquiabierto por Nicaragua, a la que intenta seducir... Y con la colaboración de su gemelo, con quien además juega el juego de las poses militares, nos hacen recordar la tierra prometida (de leche y miel, decían) y en cambio entregaron ataúdes, pobreza extrema y desolación. Por eso digo que padecemos por varios disparates —no solamente por dos— sino que por tres y más a la vez. Por supuesto incluyo al Presidente iraní (a quien Ortega llama “hermano”) que quiere borrar del mapa a Israel y que por su programa nuclear reta al mundo civilizado en Naciones Unidas. ¿Alguien realmente cree que ha visitado Nicaragua conmovido hasta el desierto por el liderazgo de Ortega y por solidaridad con los nicaragüenses? ¡Por favor! Y a propósito, ¿de dónde ha inventado el iraní que tenemos “enemigos comunes”? Tengo la impresión que estos señores hacen lo imposible por influenciar a débiles gobernantes de países próximos a Estados Unidos, y así tener posibilidades de crear conflictos que a ellos les quitarían presión. Tal parece que en nuestro país han encontrado cabida.
Mientras el mundo exige seriedad y responsabilidad, Nicaragua respira incertidumbre que esparce por la región. Ortega ha olvidado cómo llegó al poder. Debería entender que su 38 por ciento de votos no lo facultan a llevarnos al despeñadero. Probablemente necesita que el 62 por ciento le ayudemos a recordar sus límites. O nos despabilamos o nos avasallarán.