Tal como lo advirtieron diversos analistas políticos, para conseguir los votos de la ciudadanía el FSLN y su líder, Daniel Ortega, adoptaron como estrategia política el doble discurso, es decir, una escenificación teatral cuidadosamente montada en la cual la realidad de las propias creencias y convicciones se vuelve irrelevante.
Ahora que ya tienen el control del Poder Ejecutivo, el discurso de campaña ha comenzado a cambiar y a reflejar la verdadera naturaleza de ese partido y del Presidente sandinista. Por ejemplo, antes de las elecciones levantaban la bandera del nacionalismo antiimperialista y elaboraban discursos para rechazar el injerencismo del embajador de Estados Unidos, Paul Trivelli, cuando éste se pronunciaba sobre algún aspecto de la política doméstica. Sin embargo, después de las elecciones, al injerencismo de sus aliados le llaman “solidaridad” o “ejercicio de la libertad de expresión”.
En efecto, el presidente Ortega se quedó callado cuando el dictador venezolano Hugo Chávez dijo en Managua que LA PRENSA es “el medio de la oligarquía”; Evo Morales clamó por la “muerte al imperialismo” y el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, proclamó que los enemigos de Irán son los mismos de Nicaragua. Hasta la fecha, ningún dirigente sandinista se pronunció para explicar a la ciudadanía que este tipo de exabruptos no reflejan el sentir del Gobierno y que, en efecto, constituyen una intromisión —tal vez más sutil pero no por ello menos perniciosa— en los asuntos internos de nuestro país.
Otro ejemplo de doble discurso es la manipulación de la religión y de lo religioso que el FSLN y Ortega hicieron en la campaña electoral. En aquel momento, diputados, alcaldes y candidatos experimentaron una conversión católica repentina y asistían devotamente a las misas oficiadas por el cardenal Obando. Ahora a esas mismas personas no se las ve cerca de ningún santuario y sus hechos dejan claramente establecido que su reino sí es de este mundo. Lo cierto es que la religión no juega —ni mucho menos— papel alguno en la vida espiritual de estos políticos, que nada más la utilizan como un medio para conseguir popularidad en tiempos de campaña.
En ese mismo tema, cabe recordar la discusión sobre el aborto terapéutico, que generó mucha controversia previo a las elecciones. Cuando convenía, los diputados sandinistas se votaron contra el aborto terapéutico. Ahora, esos mismos señores están cambiando de opinión. No es nuestro propósito discutir aquí sobre el tema del aborto per se. Nuestra posición sobre el asunto ya ha sido claramente expuesta en otras ocasiones. Lo que queremos es señalar el doble discurso la política oficialista. Así las cosas, no sorprendería que los legisladores del FSLN revirtieran su decisión y votaran a favor del aborto terapéutico, sobre todo porque, aparentemente, el cardenal Obando tiene segundas ideas sobre el tema.
En el caso de los megasalarios ocurre lo mismo. La promesa de campaña del FSLN y el candidato Ortega, era la reducción en todas sus áreas de influencia, incluyendo las alcaldías. Ahora, hay que reconocer que el presidente Ortega ha cumplido su palabra en el Poder Ejecutivo, pero no podemos decir lo mismo de los diputados y magistrados sandinistas. Aunque Ortega no puede establecer por decreto el salario en los demás Poderes del Estado, se esperaría que los sandinistas, libre y espontáneamente, se rebajaran el salario y contribuyeran al fondo pro juventud que pretende reunir Ortega. Los alcaldes sandinistas expresamente se comprometieron —como parte de su campaña— a reducirse a la mitad sus salarios, pero ahora se niegan a hacerlo. De nuevo, más allá de la legitimidad y/o validez de la reducción salarial en el Estado, lo que se discute es la incongruencia del doble discurso como política en el FSLN.
Los hechos mayormente nos enseñan que la prédica del candidato Daniel Ortega y de su partido contra el injerencismo de cualquier procedencia, su defensa de la vida y su condena a la corrupción y al abuso del poder a través de los recursos del Estado, ha sido simplemente una actuación para conseguir la simpatía de los votantes. Como decía el renombrado filósofo y sociólogo francés, Raymond Aron, en El Opio de los Intelectuales, “…la experiencia debería enseñarnos a juzgar más por la práctica que por la prédica”. ¿Acaso los nicaragüenses no tenemos ya suficiente experiencia?