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El Bejuco: entre el temor y la prudencia
León Núñez
El autor es abogado y escritor

Durante mayo y junio de este año estuve ausente de Acoyapa. Esto explica mi silencio de dos meses en las páginas de opinión de LA PRENSA. Yo quiero recordar a mis lectores que simplemente soy un portavoz de El Bejuco. Por consiguiente, cuando no asisto a las reuniones de la peña no puedo escribir artículos sobre los temas tratados en ella.

Mis dos meses de ausencia quizás se deban a mi tristeza de haber perdido mi estatus de finquero chontaleño. Como en 1979 me confiscaron mis bienes y me lanzaron a la miseria y al exilio —por estos antecedentes— consideré creíbles las amenazas de despojarme de mi finca, situada en las inmediaciones de Acoyapa.

La finca la tuve que vender —se la vendí a un médico estadounidense— cuando me enteré del “proyecto agrario” de repartirla. No logré saber entre quiénes la iban a repartir. Lo único que supe fue que la parte central de la finca, en donde está la casa, los corrales, los establos, etc. se la iban a dar a un ex trabajador mío, llamado Félix, antiguo miembro de la Dirección General de Seguridad del Estado, y que actualmente, en vez de Félix, le gusta que lo llamen “compañero Osama”; quizás por su parecido con Osama Bin Laden.

Antes de vender la finca, varios dirigentes del FSLN de Acoyapa, que pertenecen al neoliberalismo sandinista, que tienen dinero, y que por lo tanto no andan pensando en tomarse fincas, me dijeron que los que me amenazaban eran locos; que no les hiciera caso, que las orientaciones de Daniel son de que se respete la propiedad privada, y que en todo caso, si me usurpaban la finca, me aconsejaban que acudiera a las instancias correspondientes a defender mis derechos.

La estuve pensando. No quería venderla porque esa finca tenía para mí un valor sentimental y estético. Pero decidí venderla porque consideré la posibilidad de que tarde o temprano se la podían tomar. Y entonces me pregunté: ¿si no vendo la finca y me despojan de ella podré recuperarla acudiendo a los tribunales de justicia? La posible gerardomirandización del litigio y la realidad de que no tengo el dinero suficiente para pagar los honorarios por servicios profesionales del mejor bufete de abogados de Managua, que es la firma “Vladimir Ilich Ullianov (Lenín) & Asociados”, me hizo pensar que iba a ser difícil recuperarla. Es más, tuve el presentimiento de que si yo planteaba alguna acusación contra los usurpadores, a la corta o a la larga el que iba a terminar en la cárcel iba a ser yo.

Como la finca ya no es mía, el ala extremista del sandinismo acoyapino perdió interés en repartirla. Ahora me amenazan con despojarme de mi casa en Acoyapa. Ya empieza a hablarse, para “justificar revolucionariamente” un futuro despojo, de que mi casa es muy grande, de que yo llego muy poco al pueblo, de que existen muchas personas viviendo en casas de plástico negro... de que soy somocista…, que pienso y hablo como somocista, que camino como somocista, que me río como somocista, que mi mirada es somocista… A pesar de estas amenazas he decidido no vender mi casa. Si me despojan de ella, como lo hicieron en 1979, que lo hagan. Tampoco se me va a ocurrir acudir a los tribunales de justicia.

Pues bien, volvamos a la peña. Después de dos meses de ausencia asistí el sábado pasado a la reunión de El Bejuco. Me sorprendió la decisión unánime de sus miembros, de no volver a tratar temas políticos. Dijeron que están aburridos de lo mismo, y de los mismos; que están hastiados de lo mismo porque los mismos — los mismos que integran nuestra clase política— no pasan de lo mismo y que para colmo del descaro repiten lo mismo con tanta seguridad y con tan variada como mentirosa palabrería política, que aún diciendo lo mismo quieren dar la impresión de que no están diciendo lo mismo.

Dice el presidente de El Bejuco que lo más trágico de nuestra vida nacional es que en manos de los mismos —los que viven diciendo lo mismo— está el destino de este país, y considerando que los mismos seguirán siendo los mismos en busca de lo mismo para terminar repartiéndose lo mismo, no vale la pena que la peña continúe reflexionando sobre la vida política de Nicaragua, un país que, según el presidente de la peña, no tiene remedio ni a corto ni a mediano plazo, porque va a seguir en manos de los mismos, los cuales van a seguir haciendo lo mismo y diciendo lo mismo.

Yo comprendo la decisión de los miembros de la peña de no volver a hablar de política. El peligro de que sus fincas sean invadidas les impone una autocensura que anda a caballo entre el temor y la prudencia. Voy a hablar con los antiguos analistas políticos de Acoyapa —que ninguno tiene bienes— para que llenen el vacío que dejó la peña. Ellos manejan valiosos instrumentos de análisis que indudablemente podrían ayudar a mis lectores a reflexionar sobre el acontecer político de la vida nacional.

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