El Presidente de la República, Daniel Ortega, defendió una vez más la instalación de los Consejos del Poder Ciudadano en todo el país, los que según él “se están instalando independientemente de las críticas destructivas de algunos políticos y medios de comunicación”.
“¿Por qué ese miedo al pueblo? El pueblo tiene derecho a decidir y ser escuchado”, dijo el mandatario el sábado en el municipio de Jalapa, Nueva Segovia, durante la inauguración en esa localidad del programa Hambre Cero, mientras desde el público le pedían la solución inmediata de problemas como el mercado de Jalapa y la escuela de Tastasli que recientemente colapsó por su antigüedad y que deja recibiendo clases debajo de los árboles a unos 500 estudiantes.
CULPA A ANTECESORES
“Acabar con el hambre es elemental, pero también con el problema de la energía eléctrica”, dijo Ortega mientras culpaba a los gobernantes liberales que lo antecedieron de “no ocurrírseles la inversión en ese rubro y heredar un país al colapso, empobrecido y saqueado”.
Con dos horas de retraso y bajo una lluvia persistente durante todo el día, se realizó el acto más corto, que fue antecedido por una serie de estaciones que en la carretera Ocotal-Jalapa realizó el mandatario, obligado por simpatizantes que aguardaban su paso para obligarlo a estacionarse y plantear problemas comunales.
Después de una oración de acción de gracias realizada por el párroco Jesús Videa, el corto informe público que su asesor social, Orlando Núñez, plasmó sobre el avance del Programa en Jalapa, y la intervención del ministro Ariel Bucardo, y de Mercedes Fajardo, una de las beneficiarias de la comunidad de Tastasli, quien agradeció que sus hijos “ya no irán más con el estómago vacío a clases”.
El mismo día por la noche en camiones con los promotores del Programa, adscrito al Magfor, las beneficiarías recibirían en sus propias casas sus vacas, cerdas, gallinas, materiales y semillas para el cultivo de maíz. Según Orlando Núñez, asesor social de Ortega, del total de las seleccionadas 50 por ciento son sandinistas y 50 por ciento “con otras ideas políticas”.