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Ernesto González Valdés
Algunos desean, aspiran a graduarse, con el menor esfuerzo, al “suave”
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

Cuidar lo que tengo, pero siendo el mejor

No hace mucho participaba en una reunión de estudiantes universitarios becados, lo cual me sirvió de base para algunas reflexiones que quiero compartir y transmitir no sólo a mis lectores asiduos, sino también a los padres y madres de familia que suelen solicitar becas por el interés de que sus hijos estudien en diferentes universidades, cuyos costos no suelen ser accesibles; otro factor es que la universidad de igual modo busca premiar a los mejores estudiantes en lo académico, cultural y deportivo, de modo tal que existe una especie de sinergia entre padres y madres buscando una formación integral a nivel universitario y por otra parte de la universidad, tratando de estimular a los mejores estudiantes, de escasos recursos, que tengan acceso a la educación terciaria.

¿Qué requisitos debe tener un estudiante para aspirar a las becas académicas, culturales o deportivas? Simplemente destacarse como un excelente estudiante, en el nivel que le antecede ¿promedio? Entre 90 y 100, además una participación relevante en aspectos culturales y deportivos, entre otras. La problemática está, cuando ya habiéndosele otorgado la beca es necesario sostener excelentes resultados, académicos, culturales y competitivos en el caso del deporte, pero siempre primando lo académico. Regreso a la reunión con los becados. Una joven de unos 20 años reclamaba que la carrera (Medicina) le era muy “pesada” mucha presión de estudio, mucha exigencia de los catedráticos, etc., y que por todo lo anterior sugería que la beca académica en puntaje para mantenerla descendiera de 90 a 85.

La propuesta como docente, con sinceridad, no me agradó. ¿Por qué no era mejor “luchar”, “quemarse las pestañas”, sacrificarse un poco más de lo normal?, con vistas a mantener el privilegio que muchos y muchas jóvenes posiblemente no tengan por un problema de capacidad de la institución en cuanto al número de becas a otorgar y que se encuentran haciendo filas, en espera de tener una oportunidad, que todos los días no se encuentra para aspirar a una beca.

Es posible que la joven que pedía o solicitaba una “tregua”, en años anteriores, en el nivel medio, en el instituto sus resultados, sus notas habían sido excelentes y me lo confirmaba que su beca era casualmente del tipo académico, pero por lo visto aquella solicitud me indicaba que sus piernas comenzaban a “flaquear”, empezaba simplemente a “rendirse”.

Para mí la problemática se centraba en el nivel de exigencia en que la universidad las cosas son mucho más en serio y por tanto el estudiante debe prepararse de forma sistemática para ello, entiéndase, estudiar, estudiar, estudiar y estudiar. Es cierto que merecemos descansar, las neuronas tienen derecho a tener su “sábado chiquito”, pero ahí están simplemente cumpliendo con su deber los docentes formando, compartiendo sus conocimientos y la aplicación de los mismos, de modo tal que sus graduados sean mejores que sus antecesores.

¿Luego? Al parecer nuestros jóvenes universitarios —favorablemente no todos— algunos y algunas que desean, que aspiran a graduarse, con el menor esfuerzo, ¿al “suave”? aún no se han dado cuenta que el mundo laboral recibe preferentemente a los más esforzados, a los mejores preparados.

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