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Errores adolescentes
Inés Izquierdo Miller
Un alumno del Loyola hizo una lista de errores idiomáticos y los resultados fueron tremendos
revista@laprensa.com.ni

Aunque no lo crean hay muchos adolescentes que se preocupan por el buen uso del idioma español.

Allá en el Instituto Loyola, un estudiante de cuarto año se ha dedicado a registrar los errores idiomáticos que escucha a su alrededor.

En medio de risas y hasta de burlas, se ha vuelto una novedad el registro que este joven lleva de los disparates que se escuchan a diario.

Algunos compañeros de aula aparecen varias veces, otros sólo una vez, pero lo interesante del fenómeno es que ya han comenzado a preocuparse por no decir frases o palabras inadecuadas porque no quieren estar en el glosario de disparates.

Les puedo decir que mi hija está en el registro, resulta que escribió herbívoro, de forma incorrecta, supondrán que puso “herviboro”. El compañero de aula que sabe quien soy, la regañó mucho y le dijo que si yo hablaba de usar bien el idioma, ella debía ser ejemplar.

Apenada llegó mi chavala a contarme el incidente. Claro, yo le expliqué que herbívoro quiere decir que come, que devora hierba y por ende se escribe con h y b, y lleva acento porque es una palabra esdrújula.

Mi explicación le esclareció la duda, pero no le quitó la vergüenza. Entonces le pedí prestado el diccionario al estudiante.

No se imaginan los errores que cometen nuestros adolescentes, son muy variados y a veces fruto de la despreocupación.

Un caso típico es decir vulgaridades. Todos los derivados de prostituta, desde su acepción más vulgar, hasta la más común, aparecen en la boca de nuestros hijos.

En segundo lugar, aparecen los cambios de palabras, tanto por no colocar bien el acento como por sustituir en una palabra una letra por otra.

No es lo mismo decir “la pérdida de tu mujer”, que “la perdida de tu mujer”, es un cambio radical de significado y colocar la tilde en el lugar exacto define muchas cosas.

Los problemas con la “hache” y con las terminaciones ción y sión tienen un lugar cimero, son como un talón de Aquiles para los bachilleres, que andan muchas veces confundidos con su uso correcto.

Sería bueno que en todos los colegios alguien se dedicara a llevar un registro de errores idiomáticos, tal vez los adolescentes se preocuparían más por hablar y escribir bien su lengua materna, para evitar que se burlaran de ellos.

Lo mismo que se afanan por estar bien peinados, o con los zapatos de moda, deberían estar atentos a usar bien el idioma español, sería el acabado perfecto para un joven que quiera impresionar a una muchacha o viceversa.

Lo más interesante de esta historia que les estoy contando es que algunos profesores aparecen en el diccionario de disparates. Como ven los malos hábitos saltan en cualquier rincón.

Les prometo que en otra ocasión les traeré una lista más amplia de los errores y los nombres de los protagonistas de esta historia. Se van a asombrar de las cosas que dicen nuestros hijos.

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