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El cambio climático a favor del hombre
Roberto Rosales
El autor es Ingeniero Mecánico

Las organizaciones que intervienen en dar soluciones no pueden limitarse sólo a los aspectos técnicos y económicos.

Es notorio el auge que en los últimos tiempos ha tomado el tema del calentamiento global. Tanto a nivel científico como político es tópico de discusión. La industria del cine se ha encargado de hacernos más cercano el asunto con el documental del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore llamado Una verdad incómoda. El debate se ha movido entre las posturas de si hay cambio climático significativo o no. Si es más bien un tema político porque algunas naciones no ratificaron el acuerdo de Kyoto, o son simples intereses políticos y comerciales. Creo que todos estamos claros que la problemática es la transformación del clima global del planeta como consecuencia de la actividad humana. Una actividad humana que conviene matizar, junto al esfuerzo de organizaciones internacionales y las campañas ya iniciadas.

El aporte del tercer informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC forma parte de la Organización de las Naciones Unidas, www.ipcc.ch), que entre otros datos afirma, hay algunos fenómenos detectados recientemente que confirman la tendencia al calentamiento, en los últimos diez años se percibe un retroceso generalizado de los glaciares de montaña, en todas las latitudes y en las zonas boreales se ha comprobado un aumento de los incendios y de la duración del ciclo vegetativo. Las previsiones apuntan a un mayor incremento de la temperatura en las próximas tres décadas, entre 1.8 y 4° C de promedio.

Cito a continuación unos ejemplos de lo que se está haciendo y lo que puede traer consigo. Tenemos la campaña a nivel mundial para reducir las emisiones CO2. En México, por ejemplo, debido a las subvenciones al etanol vigentes en Estados Unidos se ha visto peligrar el suministro de maíz que compra a su vecino cuando la distribuidora de cereal Cargill ha comprobado que le resulta más rentable vender el grano a los productores de etanol. El precio de la tortilla, alimento base en México, se dobló inmediatamente. Otra institución, la FAO, informaba a finales de noviembre del año pasado advirtiendo que para reducir esas emisiones, los países ricos tendrían que limitar su consumo de carne. La relación entre eso y el efecto invernadero está en que los rumiantes despiden metano, que se produce en su sistema digestivo. Está claro que en los países en desarrollo como la India (media de 5 kilos de carne persona/año) debe aumentar la ingesta de proteínas, pero en otros como Estados Unidos (123 kilos persona/año) tendría que bajar.

Ante este problema es lógico que la mirada se dirija primero al Gobierno y a las industrias. Pero, todos podemos colaborar asegurando que el punto de partida para las posibles soluciones esté en la persona. No olvidemos que el calentamiento se debe supuestamente a cierta actividad humana. Si estas medidas van a favor de las personas, por ende mejorarán el mundo. Recordemos que no somos un elemento más del planeta. Tenemos una dignidad permanente y unos derechos humanos siempre vigentes. La dignidad no es flexible y los derechos no son negociables para construir un mundo mejor. En su mensaje por la paz del presente año el Papa Benedicto XVI nos dice citando a Juan Pablo II, en su Carta encíclica Centesimus Annus: “No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado”… Y agrega: “La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana y viceversa. Cada vez se ve más claramente un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres”.

Ya lo vislumbra en parte la IPCC en su informe de 1997 sobre América latina: “El creciente deterioro del medio ambiente a que darían lugar la variabilidad y el cambio del clima y las prácticas de utilización de las tierras agravarían los problemas socioeconómicos y sanitarios, fomentarían la migración de las poblaciones rurales y costeras y recrudecerían los conflictos nacionales e internacionales”.

Por lo tanto, las organizaciones que intervienen en dar soluciones no pueden limitarse sólo a los aspectos técnicos y económicos. Si se descuida la dimensión moral y religiosa del hombre, no contribuirían a un desarrollo humano integral y al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre.

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