Instalado en Triple A, William Juárez era, literalmente, el nicaragüense más próximo a las Grandes Ligas.
Dueño de un envidiable instrumental físico y unos deseos de superación muy llamativos, Juárez parecía listo para saltar al big show. Pensábamos que verlo arriba sería asunto de tiempo.
Pero en lugar de saltar hacia las Mayores, el chinandegano retrocedió a su pueblo natal y dejó escapar una oportunidad, que no sabemos cómo repercutirá en su futuro en el beisbol.
Juárez trató de explicar que tenía problemas personales, pero creo que al final muy pocos conocieron las verdaderas razones de su regreso a Manzanillo, en la zona rural de Chinandega.
Haber permanecido en Las Vegas, sede del equipo Triple A de los Dodgers, no garantizaba que Juárez sería subido, pero es obvio que tenía más chance desde ahí, que desde Manzanillo.
Además, se regresó justo cuando las nóminas de los equipos de las Mayores se amplían a 40 jugadores y pudo haber recibido una oportunidad, pero no estaba en el lugar correcto.
Y aún cuando su balance era de 4-5 y 4.08, Juárez es capaz de envíos de hasta 95 millas, con un buen slider y un obediente cambio, y pudo haber sido considerado por los Dodgers, que tenían una batalla por la división Oeste de la Liga Nacional.
Pero eso es pasado. Lo esencial será ver qué es capaz de hacer Juárez ahora. Aún es joven (cumple 26 años el 22 de abril) y quedó la impresión que reconoció su error al salir del sistema, pero se fue motivado y dispuesto a seguir en la lucha.
Si queda en Triple A, será un éxito. Y ojalá que aún cuando Juárez está claro que los Dodgers tienen buen pitcheo y que quizá no sea tan pronto un ascenso, tiene que seguir peleando.
“En las Menores los jugadores no sólo actúan para su equipo, sino para todos los otros 29, que pueden tener scouts en las gradas”, dice Carlos Ríos, de los Yanquis. Y eso Juárez lo sabe mejor que nadie.