Se acabó el suspenso de las semifinales. Un Milán con sus puñales bien afilados, mostrando desde el arranque una impresionante voracidad ofensiva, eliminó al arrogante Manchester United, clavándole tres goles y aseguró su boleto a la final de la Liga de Campeones ante el Liverpool.
Nada que discutir. El Milán con imaginación y determinación, mejor planificación, rápido tránsito por el medio, defensa firme y sin fisuras, más piernas y más corazón, fue superior en todos los sectores de la humedecida cancha de San Siro.
Sin exagerar, el Milán pudo conseguir “algo más”, pero con ventaja de 2-0, prefirió jugar “a la italiana” por largo rato en el segundo tiempo.
El Manchester fue advertido antes que sus hombres terminaran de amarrar los cordones de su botines. Al minuto uno, Kaká, en terreno movedizo por la insistente lluvia, se escapa a Vidic y consigue posición de tiro, con la multitud en la punta de sus pies, rugiendo, pero el disparo fue desviado.
Minuto dos, el Milán vuelve a la carga frente a la desarticulada defensa inglesa, aparece Clarence Seedorf por el centro, toma un rechazo, aprieta el gatillo y obliga a Van der Sar a realizar una meritoria atajada.
En el minuto 11, el Milán trata de penetrar por arriba en la zona central. Seedorf de cabeza, coloca en el centro, cerca del límite del área, la pelota enviada por Oddo desde atrás y Kaká, viniendo hacia adelante como un tren bala, con un zurdazo inapelable, perfora a Van der Sar para el 1-0.
Manteniendo la presión a base de recuperar balones y fabricar rápidas y desconcertantes combinaciones, el Milán amplió la diferencia en el minuto 30. La defensa inglesa pierde un balón por su zona izquierda y Pirlo entra en acción enviando un centro. El rebote es recibido por Seedorf, quien manejando admirablemente una incomodidad, superó a dos defensas y le pegó con la derecha de volea, para el 2-0.
En medio del dominio italiano, Kaká tuvo otra oportunidad, pero se frustró y el Manchester como los boxeadores severamente golpeados, estaba ansioso de ir a “su esquina” para recuperar oxígeno, ensayar un replanteo.
Al regresar, el Milán sujetó sus pretensiones y estuvo cauteloso, defendiéndose con oficio.
La estocada mortal fue asestada por el recién ingresado Gilardino a los 77 minutos, en una jugada de contragolpe, recibiendo de Ambrosini y quedando con espacio para enfrentar la salida de Var der Sar, resolviendo con su pierna derecha, junto al palo, para el 3-0 lapidario.