Imagen
La vanidad. Para satisfacer esta necesidad, que Lucifer considera su pecado favorito según la película El Abogado del Diablo, se han creado los manejadores de imagen. Así, Oscar De la Hoya llega con mariachis a las conferencias, Ricardo Mayorga se come una pierna de pollo en la báscula y se desata en insultos a sus oponentes, y Daniel Ortega humilla a sus ministros en plaza pública. Los desautoriza y les dice qué hacer, en un guión practicado y organizado posiblemente por doña Rosario Murillo. Buena o mala, esa es la imagen que se quieren forjar. De la Hoya de mexicano, Mayorga de matón de barrio, y Ortega… ¿Qué imagen nos quiere trasladar Ortega?, ¿clon de Hugo Chávez en Nicaragua?
Mudez
Cuánto miedo se ve entre los ministros de este Gabinete. No se me olvida aquella imagen del ministro de Educación, Miguel De Castilla, escapando nervioso de las cámaras y las preguntas durante la huelga del Miguel de Cervantes. El martes pasó lo mismo con el presidente del INSS, a quien se le vio huir perseguido por un equipo de periodistas que están ahí haciendo lo que hace un periodista en cualquier parte del mundo: preguntar, para obtener lo que da un funcionario en cualquier parte del mundo: respuestas. Los de aquí, sin embargo, son mudos. Ni siquiera tienen el valor de plantarse y decir: Sin comentarios. No. Huyen. No es soberbia. Es miedo. Miedo a un ser superior que los condena a la mudez. Pobrecitos.
Escoltas
El poder gusta de vestirse de ropajes que lo identifiquen. Que no le quepa duda a nadie que ahí está el poder. Antes eran séquitos, armiño, coronas y cetros. Ahora son séquitos, vehículos y escoltas. En los ochenta, cualquier jefe de cuadra se procuraba un escolta con el pretexto de que le cargara el maletín y le protegiera, cuando en realidad sólo quería demostrar lo importante que era. Con doña Violeta, los guantes anaranjados y las caravanas se volvieron una peste, y fue con don Enrique Bolaños que las escoltas, como símbolos de poder casi llegan a la extinción. Hubo en estos años ministros tan anónimos y anodinos que sólo fueron reconocibles por la escolta que ostentaron. Daniel Ortega siempre fue un caso aparte…
Delirios de poder
Daniel Ortega, aún “desde abajo” siempre tuvo una de las más copiosas escoltas del país. Quién no recuerda aquellas caravanas de “Renegados” corriendo abusivamente por las calles, intimidando a conductores y peatones, como si la Managua de entonces fuese la Bagdad de hoy. Es la necesidad de sentirse poderoso. Por ello no resulta nada extraño que al regresar a la Presidencia, Ortega no sólo refuerce la escolta intimidante que ya tenía, sino que haya echado mano del ejército y se comporte como un general sitiado. Risa daría si no fuese por el dineral que nos cuestan esos delirios de poder.
Imitadores
Los nicaragüenses estamos obligados ahora a estar pendientes de las noticias de Venezuela. Los diarios venezolanos deberían circular como propios por este país. No sólo porque todo lo que pasa en Venezuela ahora nos afecta directamente, sino, principalmente, porque aquí tenemos un Gobierno que a falta de propuestas propias, se ha dedicado a la pura imitación. Se hace en Venezuela y se remeda aquí. Esa es la realidad.