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Agentes de la policía han acudido a la casa de la abuelita Poket tras denuncias de vecinos metiches sobre disturbios en el lugar y al llegar encuentran a la anciana amarrada y amordazada, un gigantón cara de loco amenazando con un hacha, un lobo sospechoso de asociación ilícita para delinquir junto a una ardilla y a caperucita roja alterada.
Desde aquí comienza a armarse el rompecabezas de qué fue lo que pasó y tal vez hasta podría resolverse quién es el maligno delincuente que ha robado las recetas en todo el bosque, donde los dueños de negocios han quebrado debido a los atracos. El título de la película, a como el doblaje, es una mexicanada, así que no nos asustemos. Buza es una palabra que ellos usan para calificar a las personas como “vivas” o que están alerta.
Los efectos especiales no son excepcionales, pero no creo que haya sido la finalidad ni que el esmero se haya enfocado hacia lo estético.
Esta es una película alucinante que a parte del hombre con el hacha y de cargamentos de dinamita en cada rincón, no tiene mayores problemas para niños, aunque el desarrollo es tan rápido y complicado, que se debe poner demasiada atención o se termina perdido en el bosque con el lobo feroz suelto. Y yo no sé si el cerebro de los niños de ahora ha desarrollado un motor de más velocidades para ir al ritmo del cambio de imágenes y sonidos desde los Power Ranger hasta Picachu, pero eso fue lo que me molestó de Buza Caperuza, que de pronto saltan personajes por uno y otro lado y los niños se quedan colgados.
Lo mejor es cómo la rana investigadora (Desde antes de la Familia del Futuro hemos tenido una verdadera invasión de ranas) arma la historia, la aparición de la cabra loca cantora y la anciana, que en bien nicaragüense, diríamos que es “regazón”. Y si sus hijos no quedaron muy claros, llévenlos de nuevo. Vale la pena volver a verla.