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Acerca de la ciencia y la cultura científica
Erwin A. Aguilar
El autor es Investigador Clínico de la Louisiana State University Health Sciences Center y Profesor de Salud Pública de la Universidad de Tulane, Nueva Orleáns, USA.

Le enseñanza de las ciencias, con todo el rigor académico y práctico en las escuelas de primaria, secundaria y universidades es indudablemente de inmenso valor para el desarrollo de los países.

¿Por qué es importante la ciencia? ¿Qué es lo que la hace tan especial? Todas las repuestas posibles pueden ser correctas. La ciencia es una forma del saber. Los seres humanos hemos desarrollado varias formas de conocimiento tales como la religión, filosofía, artes, ética y desde luego la ciencia. Juan Pablo II afirmaba que la ciencia pura es un bien, como parte integrante de la cultura. El quehacer científico forma parte de la obra humana total que concebimos como cultura. Podemos desarrollar nuestra propia cultura científica sin imposición de culturas científicas foráneos que ignoran y rechazan la idiosincrasia y los asuntos de nuestros países y llegan con agendas prefabricadas, que repiten año con año y de país en país, sin haber producido beneficios fundamentales; aunque nunca han faltado los crédulos que prefieren aceptar sin criticar e imitar en vez de crear.

La ciencia se diferencia de la religión porque esta última está basada en verdades supuestamente reveladas que tienen que ser aceptadas por la fe, aunque esta sea sólo que una firme creencia. La ciencia se diferencia también del arte porque aquí la verdad se ve y se busca por los ojos del artista. La ciencia por su parte, busca como llegar a un punto basado en hechos reproducibles y verificables.

¿Cómo sería nuestro mundo sin ciencia? No tendríamos tecnología relacionada con la salud, lo que causaría una gran mortalidad, habría una escasez de alimentos, no tendríamos ni esperanzas en un sistema de transporte y las comunicaciones serían virtualmente inútiles y, quizás, volveríamos a vivir en las cavernas alrededor de una hoguera y viendo las sombras de nuestros mismos cuerpos.

¿Cómo sería nuestro mundo actual sin la tecnología de los medios de información producto del avance del conocimiento científico? No tendríamos periódicos, ni noticias por la radio y la televisión, ni notificación alguna sobre las decisiones de los gobiernos en materia de seguridad, desastres naturales, epidemias, políticas nacionales e internacionales, legislaciones, etc. y viviríamos desinformados. Sin la información que nos proporcionan los medios de comunicación, podríamos aún estar en peligro de ser sometidos a sistemas totalitarios de carácter fascista. Además, cuando leemos los periódicos todos los días, allí encontramos lecciones de ciencia, tecnología, economía, ambiente, salud, política, etc. Son las aulas de clase y maestros gratuitos para todos.

Los seres humanos nacemos con un conocimiento científico básico que la madre naturaleza nos ha dado. Basta que recordemos cómo nuestros ancestros sabían, empíricamente, cuándo sembrar, en qué fase de la Luna podía ocurrir un embarazo, cuándo podía llover, lo que no se podía comer y así por el estilo. Es la propia intuición científica que traemos al nacer la que hay que abonar. El educarnos científicamente nos ayuda en el lugar de trabajo. No podemos ignorar la tecnología involucrada en cada uno de los objetos en una oficina. Las telecopiadoras o faxes, fotocopiadoras, las computadores u ordenadores y los diminutos teléfonos celulares, no llovieron como maná del cielo, son productos de la ciencia y del trabajo del hombre.

La enseñanza de las ciencias, que aunque la naturaleza no las divide porque todos los fenómenos ocurren simultáneamente a cada segundo, nosotros, los académicos, las hemos dividido, por conveniencia para su aprendizaje, en ciencias físicas y matemáticas, sociales, biológicas, químicas, médicas, políticas, jurídicas, religiosas, etc.., tiene que empezar desde la escuela primaria, continuar en la secundaria y la universidad, con el rigor que exige el mundo moderno para poder competir en el mercado nacional y mundial.

Es asombroso ver como Japón y Alemania renacen, como el Ave Fénix, de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial convirtiéndose en sociedades altamente tecnificadas que hoy en día ocupan un lugar envidiable en la ciencia. EE.UU., Europa Occidental y Corea del Sur han desarrollado un nivel científico y tecnológico inigualable al que tenemos que admirar, así como también algunos países latinoamericanos. Nicaragua puede lograr lo mismo, aunque será un camino largo y espinoso y ése es el reto. Lawrence Harrison en su libro Quienes Prosperan desarrolla varias tesis sobre cómo los valores culturales forjan las economías de los países y alcanzan políticas exitosas.

Con la creación de la Sociedad Científica Nicaragüense, liderada por dos distinguidos científicos nicaragüenses, los doctores Jorge Huete y Ernesto Medina, tenemos la oportunidad para lograr el objetivo de crear la cultura científica de Nicaragua, para que nuestros estudiantes, no solamente adquieran conocimiento, sino que también la capacidad de razonar y de tomar decisiones independientes sin interferencias y en completa libertad. Nicaragua tiene un gran capital humano que puede desarrollar su capacidad intelectual y aplicarlo en la solución de problemas inmediatos por el bienestar de los nicaragüenses y llegar un día a ocupar un lugar honroso en el foro científico de naciones.

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