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FMI y BM ante riesgo de irrelevancia
Marcela Sánchez
La autora es columnista de The Washington Post.

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no gozan de gran popularidad por estos días en América Latina. El Presidente venezolano Hugo Chávez quiere cortar todos sus lazos con ellas, afirmando que son “mecanismos del imperialismo” estadounidense. El Presidente ecuatoriano Rafael Correa ha expulsado al representante del BM de su país y lo ha declarado persona non grata, asegurando que los préstamos del Banco equivalen a un chantaje.

Dado el frecuente antagonismo de Chávez y Correa frente a Washington, sus acciones parecerían ser las esperadas. Pero el hecho es que otros gobiernos a lo largo de la región, conservadores y liberales por igual, están distanciándose de dichas instituciones por una variedad de causas.

Una nada insignificante tiene que ver con el mercado. En este período de elevada fluidez, prestamistas privados están ofreciendo términos mucho más favorables y sin las estrictas condiciones atadas a los préstamos del Banco Mundial y el IMF. Dichos prestamistas, atraídos por la creciente riqueza de la región, tampoco llevan el lastre que aflige a las instituciones multilaterales especialmente debido a su papel en el colapso económico de Argentina en 2001 y el actual escándalo que rodea al Presidente del Banco, Paul Wolfowitz.

Durante los últimos dos años, Argentina, Bolivia, Brasil, Nicaragua y Venezuela han pagado sus préstamos al FMI o dejado vencer sus acuerdos con la institución. Los países de América Latina han adquirido préstamos que van de una cuarta a una media parte de lo que adquirieron del Banco Mundial en 1999. El mes entrante, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Venezuela planean abrir el Banco del Sur para que sirva como un banco regional alternativo de desarrollo.

La mayoría de los líderes de la región no desea echarse precipicio abajo con Correa y Chávez, en cambio quisieran ver todavía vivas y reformadas a las instituciones con 63 años de existencia. En una reciente reunión con editores y reporteros del Washington Post, el Presidente colombiano Álvaro Uribe dijo que “estas instituciones debieran ajustarse… Creemos en mejoras permanentes, no en cerrarlas”. El Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha equiparado desde hace tiempo las mejoras a organismos multilaterales, con el propósito de defender instituciones democráticas.

Desafortunadamente, hay pocas evidencias de que el Banco y el FMI estén escuchando. Si mucho, la buena salud de la economía mundial actual parece estar alimentando una “actitud de complacencia”, de acuerdo con Liliana Rojas Suárez, ex funcionaria del Fondo y actualmente del Center for Global Development con sede en Washington. Mientras “buenos tiempos son los mejores tiempos para planear” respuestas a las crisis, el FMI está “aplazando decisiones muy importantes, a pesar del hecho de que (está) perdiendo relevancia”.

Los críticos afirman que las instituciones multilaterales podrían recuperar buena parte de su credibilidad si otorgan a países con economías emergentes mayor representación dentro de sus juntas directivas. Durante las reuniones del mes pasado, el Grupo de 24 países en desarrollo, incluidos ocho latinoamericanos, insistió en que aumentar su voz en el Fondo y el Banco “continúa siendo de suma importancia para la legitimidad y efectividad” de dichas instituciones.

Además de reformas estructurales, el FMI necesita cambios estratégicos. El Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros, un grupo de ex ministros de finanzas y economía de América Latina presidido por Rojas Suárez, ofreció varias ideas el mes pasado incluida una mejor preparación ante crisis financieras internacionales que podrían ser particularmente devastadoras en América Latina. En ese sentido, cree que el FMI debiera enfocarse exclusivamente en asuntos financieros y prepararse creando un nuevo instrumento que pudiera servir para acceder rápidamente a una línea de crédito en caso de que otra crisis internacional ocurra.

En el Banco Mundial las reformas tal vez estén ocurriendo a pesar de sí mismo. De hecho, algunos creen que la competencia es la mejor fuerza detrás del cambio. “Creo que el mercado lo está logrando”, afirmó Chris Humphrey, consultor del Banco Mundial que trabaja en Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela. “Estamos desesperados por conseguir clientes” y listos a adaptarnos si con eso los aseguramos y mantenemos. “Los países de medianos ingresos saben como usarnos”, agregó. “Ya no podemos ir con la receta del mes que supuestamente llevará al desarrollo (porque) ellos están definiendo sus propios caminos al desarrollo”.

Los días de las reformas promovidas por Washington, conocidas como el “Consenso de Washington”, han terminado. Hoy tal vez el único consenso, particularmente en Sudamérica, es “una aspiración común por la autonomía”, dijo el embajador brasileño Antonio de Aguiar Patriota en una entrevista. “El nuevo espíritu es que bajo nuestros términos estamos produciendo el tipo de resultados correcto”. Y al menos que las instituciones financieras con sede en Washington reciban el mensaje, la región toda les dará la espalda.

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