El bebé se calma al escuchar los latidos del corazón de su madre. A ella, en cambio, se le rompe el corazón al escuchar a su tierno llorar inconsolable, aunque sea un inofensivo cólico. Pero se convierte en una “leona” para protegerlo o defenderlo ante un peligro o enfermedad.
¿Qué hace tan especial el corazón de la mujer? ¿Cómo debe cuidarlo, no sólo para transmitir y proteger la vida de sus hijos con esa sensibilidad tan propia, sino también abrazar a sus nietos y bisnietos? Hay lecciones en los avances de la medicina moderna, así como nubarrones de alerta sobre tendencias futuras.
La esperanza de vida ha aumentado considerablemente, de modo que la mujer ahora vive más que el hombre (en algunos países ex soviéticos hasta catorce años más). Es resultado de mejor higiene y nutrición, agua limpia, vacunas, control de infecciones, menos embarazos y muertes maternas, prevención y tratamiento de los infartos cardíacos y cerebrales así como sus factores de riesgo: presión alta, diabetes, grasas en la sangre, y que el tabaquismo y el exceso de bebidas alcohólicas no se extendió entre las mujeres hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
El cáncer de mamas y el del cuello uterino se diagnostican y curan a tiempo. Ya no son la sentencia mortal que solían ser. Y hay vacuna contra el papilomavirus humano, causante del cáncer de cérvix.
¿Cuáles son los nubarrones, tendencias y enfermedades que amenazan a las mujeres globalmente? Con la excepción del sida que deja innumerables niños huérfanos en algunas zonas del planeta, mueren más mujeres en el mundo por enfermedades cardíacas y cerebrovasculares, y por complicaciones de la diabetes y la obesidad, que por cáncer de mama y todos los otros cánceres combinados.
De hecho, el cáncer más temible en la mujer actualmente es el de pulmón, confirmando lo que las tabacaleras habían negado por décadas, que fumar sí mata, causando un tercio de las muertes prevenibles, tanto cardiovasculares como malignas. Y por si no hubieran suficientes motivos para no fumar: provoca arrugas prematuras.
Los infartos en la mujer presentan dolor y opresión en el pecho como en los hombres, pero frecuentemente son atípicos, difíciles de diagnosticar, con predominio de fatiga extrema, dificultad respiratoria, náusea o dolor abdominal. Las pruebas de esfuerzo en la mujer pueden dar falsos positivos. El pronóstico del infarto en la mujer puede ser menos favorable.
Los infartos y derrames acostumbran presentarse en la post-menopausia, una década después que en los hombres. Pero se pueden dar en la mujer más joven que fuma, es hipertensa o diabética y usa la píldora anticonceptiva o la terapia hormonal.
La diabetes, que envejece prematuramente los vasos sanguíneos casi quince años, es cada vez más frecuente en la mujer, asociada a la genética, obesidad y sedentarismo, y puede provocar infartos, insuficiencia cardíaca y derrames hasta cinco veces más que en las no diabéticas, aún en mujeres jóvenes, y casi el doble que en los hombres. Un tercio a la mitad de las pacientes con enfermedades cardiovasculares son diabéticas.
La salud de la mujer es más vulnerable al tabaquismo y al exceso de bebidas alcohólicas. La demencia tipo Alzheimer, que hace sufrir a tantas mujeres, podría postergarse con el tratamiento adecuado de la hipertensión y el colesterol.
Todo esto destaca la importancia del diagnóstico, prevención y tratamiento de los factores de riesgo antes de los eventos catastróficos. Las medidas actuales de prevención primaria y secundaria son altamente efectivas. Debemos aprovechar al máximo estos avances de la medicina del siglo XXI para proteger el amado e insustituible corazón femenino.