Familiares y amigos de Héctor Emilio Córdova, asesinado el pasado domingo en El Salvador, recibieron sus restos mortales en el puesto fronterizo de El Espino. Hace apenas una semana Córdova había llegado a El Salvador para trabajar en oficios del campo.
Sergio Valerio Zavala, de 35 años y originario del municipio de Yalagüina, era amigo del hoy occiso y ambos vivían en el Cantón Albornoz Bolívar, municipio del departamento de La Unión en la República de El Salvador.
Valerio Zavala relató que el domingo a eso de las 6:00 de la tarde una persona llegó a decirle que su compatriota estaba herido de gravedad y que decía su patrón, Francisco Osorto, que llegara para que ayudara a llevarlo al hospital.
“Yo de inmediato corrí hacia la casa de don Paco Osorno para ver qué le había sucedido a Héctor, pero cuando llegué ya se lo habían llevado al hospital del departamento de Santa Rosa de Lima, que está como a diez kilómetros del cantón; fue entonces que llamé y me dijeron que él ya había fallecido”, contó Valerio Zavala.
En varias ocasiones Córdova había viajado a ese país centroamericano para trabajar.
En esta ocasión le dijo a su esposa María Noelia Cáceres, de 32 años, quien estuvo casada con él durante 17 años, que quería volver a Somoto el 30 de mayo para celebrar el Día de la Madre y luego regresar a El Salvador para ganar dinero y así poder construir una casa de adobe para ella y sus hijos, según expresó la viuda.
Este somoteño es uno más en la lista de los que han salido del país en busca de trabajo en El Salvador, pero han regresado sin vida. Ahora su viuda tendrá que afrontar sola la situación de sus cinco hijos que ayer lloraban desconsolados sobre el féretro de su padre.
La madre del ahora occiso, Florencia López Martínez, de 60 años, dijo que su hijo se fue para El Salvador porque en Nicaragua no hay trabajo y buscando la vida encontró la muerte. “Mi hijo se fue para terminar de pagar un préstamo que tenía en un banco y para construir una casa, pero el pobre no lo pudo hacer”, dijo la señora.
Según Valerio Zavala, el cuerpo del nicaragüense pudo ser trasladado hacia su país gracias a que Francisco Osorno consiguió ciento cincuenta dólares, para preparar el cuerpo y pagar por su traslado hacia Nicaragua.
El ataúd lo donó el Alcalde del municipio de Bolívar en La Unión, El Salvador. El Consulado de Nicaragua en aquella República ni siquiera se interesó en el asunto, aseguró Zavala, pero no fue posible contactar a los funcionarios consulares para conocer su versión del caso.