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Ahora Ortega se compara con Jesucristo

Para justificar el imprudente discurso que pronunció el presidente Daniel Ortega ante la 62 Asamblea General de las Naciones Unidas, su esposa, la señora Rosario Murillo dijo en un mensaje que fue divulgado por internet: “Yo creo que Cristo fue el Gran Profeta y Maestro que nos enseñó a actuar desde la verdad y nosotros no hacemos sino imitar a Cristo en su ejemplo de vida. Es decir, siempre ser capaces de articular nuestro discurso, nuestras palabras, nuestro quehacer”.

Pero la intención de identificarse con Jesucristo no es original de la señora Murillo y su esposo, el presidente Ortega. Eso mismo han hecho anteriormente los partidarios del dictador “narcisista leninista” (como lo llama el columnista internacional Andrés Oppenheimer) Hugo Chávez, en Venezuela. Y por cierto que para mayor ofensa a los sentimientos religiosos de los cristianos venezolanos, fue un sacerdote católico quien cometió semejante insensatez sacrílega, la cual ocurrió después del frustrado golpe de Estado de abril del 2002 que sacó a Hugo Chávez del poder durante sólo tres días.

En aquella oportunidad, el insólito sacerdote católico chavista comparó el derrocamiento de Chávez y su restauración en la Presidencia de Venezuela, con la muerte y resurrección de Jesucristo: “El presidente Chávez descendió a los infiernos el 11 de abril de 2002 para volver al seno de su pueblo luego de tres días, como retornó el Señor del sepulcro para subir hasta la presencia del Padre”, aseguró en una homilía aquel pobre sacerdote. Pero al mismo tiempo que se hace comparar con Jesucristo, Chávez ataca y ofende a los obispos y sacerdotes católicos que con dignidad y valentía defienden la independencia y la misión profética de la Iglesia católica de Venezuela.

Ahora, en Nicaragua la señora Rosario Murillo compara a su marido con Jesucristo, al decir que: “nosotros no hacemos sino imitar a Cristo en su ejemplo de vida”. Pero, ¿al decir “nosotros” se refiere sólo a Daniel Ortega y a ella, o también a todos los militantes de su partido?

Sin duda que Daniel Ortega en su execrable discurso de septiembre pasado ante la ONU y de hecho en todas sus comparecencias públicas, es consecuente con su actuar. O sea que tan agresivo es con sus palabras como con sus actuaciones políticas y gubernamentales.

Pero que el presidente Ortega sea sincero en la expresión de sus convicciones políticas, no significa que actúe como actuó Jesucristo. Jesús no fue un político ni buscó posiciones de poder. “Mi reino no es de este mundo, mi reino no es de aquí”, dijo repetidamente a un desconcertado Poncio Pilato. Jesús no era un político profesional, como el presidente Ortega y su esposa, ni estaba ansioso de poder y control como ellos. La meta de vida de Jesucristo era morir para salvar a la humanidad moralmente perdida y su misión no habría sido distinta si hubiera nacido en este siglo, pues hoy como ayer los seres humanos estamos siempre necesitados de redención.

Por otro lado, Jesús vivió de modo moralmente impecable y en esto también dejó un ejemplo de vida. Aunque era humano, además de divino, nunca cometió pecado. Entre sus discípulos había mujeres que lo acompañaban y lo atendían pero ninguna de ellas se quejó jamás de algún abuso o atropello. Su persona irradiaba pureza, mansedumbre y humildad. Nació en un pesebre y nunca tuvo casa propia ni carruajes. Cuando necesitaba algo lo pedía prestado. En cierta ocasión dijo: “Las zorras del campo tienen cuevas pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.

Jesús no estaba interesado en riquezas ni en lujos, ni en propiedades ni en mansiones. Era una persona común entre los comunes, accesible a cualquiera que lo buscara, a cualquier hora. Aunque era el creador del universo, vivió como una más de sus criaturas sin exhibicionismos ni despliegues de grandeza. Como carpintero, tuvo que hacer sillas y mesas para comer y ayudar a su madre, y a los treinta y tres años fue condenado a la más humillante y cruel de las muertes: la crucifixión.

Hay, pues, que volver preguntar: ¿En qué sentido el ejemplo de vida de Jesús refleja el de Daniel Ortega, el de su esposa y el de sus camaradas de partido? ¿Acaso no es absolutamente lo contrario?

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