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Los primeros dioses
Luis Sánchez Sancho

Don Carlos Gómez M. me ha sugerido escribir sobre el origen de los dioses griegos. Al respecto es necesario advertir que el de los dioses es sólo uno de los múltiples aspectos de la mitología griega, la cual fue clasificada en doce categorías por el eminente mitólogo inglés Robert Graves (1895-1985).

Sin embargo el sacerdote católico mexicano y también mitólogo, Angel María Garibay (1892-1967), las resumió en tres categorías: 1) La de los mitos divinos o de los dioses propiamente dicho. 2) La de los mitos heroicos (las leyendas de Heracles o Hércules, Aquiles, Odiseo o Ulises, etc.). 3) Los mitos novelescos y románticos, tales como los de Narciso, Adonis y tantos otros.

A mi juicio habría que agregar la categoría de los mitos trágicos (Electra, Edipo, Medea) y la de los mitos históricos, o sea los que se relacionan con hechos que ocurrieron en realidad, pero devinieron en leyendas míticas. Tales serían los casos de las leyendas sobre Alejandro, Leonidas y muchos más.

Ahora bien, en lo que se refiere propiamente a los dioses mitológicos y su origen, cabe tener en cuenta ante todo que las divinidades de los antiguos griegos, igual que de los romanos, eran tantas que llegaron a contarse más de treinta mil. Además, ellos dividían a los dioses en principales y secundarios, igual que todas las cosas en el mundo material.

San Clemente de Alejandría, quien por cierto era griego y vivió en el siglo II de nuestra era, estimó en siete las categorías de dioses mitológicos: 1) Los dioses de las estrellas. 2) Los de los frutos. 3) Los de los castigos. 4) Los de las pasiones. 5) Los de las virtudes. 6) Los majorum gentium, o sea de la primera creación. 7) Los bienhechores de la humanidad.

Por su parte, Herodoto, historiador griego del siglo V antes de Cristo en su Teogonía explicó el origen de los dioses de la manera siguiente:

El primero de los dioses fue Cielo (Urano), quien creó la Tierra y luego se unió con ella. De esta unión nacieron Titán, Cronos, Océano, Japeto, Cibeles y Temis. Pero el Cielo temió que sus hijos le quitaran el poder y por eso los encerró —o más bien los enterró— en lo más profundo de su madre Tierra. La Tierra no se atrevió a oponerse a aquella tiránica disposición del Cielo, pero con el tiempo fue conmovida por los lamentos de sus hijos que estaban enterrados en sus propias entrañas. De manera que decidió liberarlos y además les dio armas para que lucharan contra su padre opresor.

Por su audacia, valentía y capacidad de iniciativa, Cronos asumió el liderazgo en la lucha de los insurrectos hijos del Cielo. Por eso él ocupó el trono celestial cuando su cruel padre fue derrocado. Pero el asunto no quedó allí. Titán, que era el hermano mayor, también quería gobernar y lo consideraba como un derecho de primogenitura. Convencido por su madre Tierra, Titán aceptó que reinara su hermano menor, Cronos, pero con la condición de que no tuviera descendencia y que, en el caso de que le llegaran a tener hijos, los matara apenas nacieran. De esa manera Titán se aseguraba que al desaparecer Cronos él o sus descendientes obtendrían el poder del universo.

Por eso es que Cronos (o Saturno, según su nombre latino) mataba —devorándolos— a sus hijos a medida que iban naciendo. Pero eso es ya otra y próxima historia.

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