Managua
01:30 pm
07.10.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Noticias >> Nuestra Gente
((LA PRENSA/ René Ortega))
Caprichos del Cocibolca y los cuentos de don “Beto”
Cosas veredes Sancho amigo
Metido en “calmuras” está el Cocibolca, los dos volcanes parecen dormitar, la brisa que viene del Levante es suave y musical. Bajo el inmenso combo del cielo se respira paz. Sólo el bote de Carlos Humberto altera esa serenidad, pues regresa de la pesca
Mario Fulvio Espinosa
domingo@laprensa.com.ni
Tiburones de El Boquete

Según don Carlos Humberto, en Caña Corta, en un lugar que le dicen El Boquete, hay una gran cantidad de tiburones, pero para pescarlos hay que usar una red de nueve pulgadas, jamás una de siete, porque el tiburón cuando la red es muy pequeña, con la trompa rompe la red y se escapa.

Otro lugar donde pululan los tiburones de agua dulce es en San Ramón. En la punta de aquel cerro, nada un tiburón blanco, panzón, chiquito, bravo...

¿Ideay mi amigo, cómo le fue en la pesca?

— Pues no muy bien, sólo estas mojarras. Fíjese, hay un dicho que dice: “De las aguas mansas líbreme Dios, que de las otras me libro yo”. Eso es verdad en el Cocibolca, cuando llegan estas “calmuras” el lago se pone serenito, las aguas se calientan, los peces no suben porque sienten calor y la pesca es mala.

El lago, mi amigo, es como una mujer, si quiere sacarle amor tiene que conocer sus caprichos. Él se deja enamorar, se deja acariciar, pero no debe pedir lo que no quiere dar, pero se debe aprovechar cuando está dadivoso.

¿Quiere decir que puede darse una pesca milagrosa?

— Sí y no, la vida del pescador es dura, sin embargo hay etapas buena, etapas malas, etapas regulares. Ahora, casualmente, estamos pasando una etapa un poco pobre por las “calmuras” que hay, además, como ningún organismo nos ha ayudado, tengo que trabajar en esta panga que está botando las piezas.

Carlos Humberto Gómez Ramírez ha dejado su bote a buen recaudo sobre la playa y avanza hacia nosotros, carece de una pierna que le fue amputada a la altura de la rodilla, se apoya en su muleta y por eso da la impresión de seguir remando al venir andando. Viene cargando un manojo de mojarras, quizás diez, lo único que consiguió en su jornada diaria.

Hace 24 años este hombre fornido de rostro curtido por los soles del Mar Dulce se vino de Rivas para vivir en el pequeño puerto de San Jorge, su casa está cercana a la playa y me recuerda aquel verso del hondureño Juan Ramón Molina: “La casita de Pablo era blanca y tendida como un ala en el mar…”

En esa vivienda Carlos Humberto, de cara al lago, ha sido testigo de los muchos caprichos y misterios del Cocibolca, de las furias pirotécnicas del Concepción y, sobre todo, de los sufrimientos, alegrías y tragedias de los humildes pescadores de San Jorge.

Por eso, ya por la tarde, cuando regresa de sus labores, descansa sentado frente al lago, ahí se convierte en un filósofo que medita sobre la ancianidad venerable del Mar Dulce, sobre las lejanías del horizonte igual a sus recuerdos, y platica con su esposa e hijos sobre cosas cotidianas sin faltar la magia de leyendas, cuentos y consejas que enriquece la vida y la imaginación.

“Mi padre se llamó Carlos Gómez Hernández y mi mamá, que está conmigo, se llama Margarita Ramírez viuda de Gómez, tiene 89 años y es leonesa, tengo dos hermanos, uno en Catarina y otro en Las Salinas de Rivas, toda mi infancia la pasó en Rivas.

“Estudié hasta segundo año de secundaria, después tras la muerte de mi papá me puse a trabajar como mensajero en Telcor, aprendí a reparar radios y televisores, pero no me gustó mucho eso porque era un trabajo cerebral y a mí me gusta lo práctico, por eso estuve de ayudante de buses, posteriormente, en 1979, me vine a San Jorge a ejercer el oficio de pescador y por ese motivo me pasó el accidente donde perdí mi pierna”.

¿Cómo ocurrió esa pérdida?

Venía de pescar con cinco compañeros del lado de Rivas. En ese tiempo, 1979, éramos pescadores de afición. Veníamos en un vehiculo y al llegar a La Virgen había un “cepo” de guardias que sin más ni más comenzaron a rafaguearnos, eso fue de La Virgen para adelantito, frente a un restaurante que se llamaba el Gilmor que ahora es Sibalsa. Todos mis compañeros fueron muertos, sólo yo quedé vivo con un balazo en el ojo del pie, la canilla se me engangrenó y me la cortaron.

¿Les dieron alguna explicación alguna vez?

Cuando ya nos miraron de cerca y constataron que no éramos guerrilleros sino que éramos simples pescadores, pues, ideay, ya nada tenían que decir, los que estaban muertos, estaban muertos y punto.

Desde entonces me quedé en San Jorge haciéndole a la pesca, vivía allá en el pueblo pero el dueño de la casa la vendió, entonces me ubiqué aquí y me dediqué a la pesca más de lleno. De los 52 años que tengo, aquí he pasado 27.

¿Cómo practica el oficio de pescador?

Con mi cayuquito y a puro remo y con el trasmallo. Nos vamos hasta la zona de San Juancito --antes de llegar a La Virgen--, no puedo ir más allá de los siete kilómetros, pero si tuviéramos la ayuda de un organismo para conseguir alguna panga y un motorcito podría ir más largo.

Antes me movilizaba haciendo champas y pescando donde está la ubicación de los puntos buenos, por decir Cañas Gordas, buscando Cárdenas. Ahí hay asientos y criaderos de peces, pero ya voy poco, por aquello de la edad. Mis hijos ya están grandes y quieren vivir donde está la ciudad, donde hay fiesta, donde no van a perder sus estudios y todo eso. Entonces ya no me muevo.

Veo que en su casa hay un acopio de pescado.

Así es, si la gente viene se vende si no, no. Yo quisiera tener una camionetita para salir a ofertar, porque en los buses a veces no quieren trasladar el pescado. Si uno tuviera un transportito entonces sería otra cosa, puede traer desde leña y cosas para la casa.

Pero con todo y todo salgo a vender el pescado en la zona urbana en Rivas e incluso hasta Popoyuapa y Veracruz. Cuando está buena la pesca yo telefoneo a clientes que tengo en Managua y vienen ellos a traer el pescado.

¿Y con quién se casó, si se puede saber?

Conocí a esta señora que tengo, como a la edad de 15 a 16 años, estuvimos juntos unos añitos ahí, después nos casamos y tenemos 36 años de estar juntos. Lo que pasa es que miré que tenía perspectiva de ser buena esposa, ahora tener una buena esposa no es cosa fácil.

El caso fue así, jalamos, jalamos y jalamos, al ver que todo me convenía a mí, le ofrecí matrimonio. Ella era tan sencilla que dijo que casarse era locura después de tanto tiempo juntos. Pero al fin nos casamos hasta por la religión evangélica.

¿Qué cosas me cuenta del lago?

Una vez pasaron un documental que decía que ya los tiburones no existían en el Cocibolca. Pero una vez me fui en un neumático a buscar una panga de lata que se me había hundido, anduve en unos grandes chubascotes y en ese ocasión a los tres días estaba sacando un tiburón como de unas seiscientas o setecientas libras. Lo que nos faltó fue tomarle una foto, pero en el Sibalsa nos pararon y le tomaron una foto. Figúrese que no lo podíamos sacar del agua a pesar que fue arrastrado por un Jeep, que patinaba en la costa.

¿Se lo comieron?

Se vino a pelar al taller de don Hipólito Díaz y fue vendido como lomo de gaspar, y cuando yo logré vender el gaspar la gente no me lo creía, decía que no me lo compraba porque no era el legítimo lomo de gaspar, que era el tiburón. Después agarré 26 tiburones más.

¿Entonces, existen todavía tiburones en este lago?

Claro que sí. Pero para pescarlo se tiene que usar una red especial, esa red yo la acabo de comprar pero no me meto a eso porque dicen que están en veda el tiburón y el pez sierra. Si no estuvieran en veda yo le saco un tiburón grande para exhibirlo y que la gente mire que aquí hay tiburones.

¿Cuánto llega a medir ese tiburón?

Ese tiburón es muy grande, mide unos cuatro metros, pero es panzón, es ancho y bravo.

¿Pero también se tejen otras leyendas sobre este lago, dicen que sus aguas se encienden o que salen luces del mismo lago?

Cuando hubo crisis de pesca yo me iba a pescar de noche y lo que he oído son silbidos y voces. Recuerdo que un 4 de noviembre oía como lamentos, pero un carajo me decía que son ondas expansivas. Incluso me llevaba un muchacho de por ahí que no volvió a ir porque el pobrecito se puso nervioso cuando oyó los lamentos. Estábamos como a unos dos mil metros de la costa.

¿Nunca ha oído hablar de fantasmas que aparecen y desaparecen?

De eso no, pero aquí los pescadores hablan de hombres grandísimos que salen del agua, dicen es gente que se ha ahogado, qué se yo.

¿Cómo es eso de los hombre grandes?

Sí, a una señora de aquí que cangrejea en la Lengua del Agua, la siguió un hombre que era altísimo, negro, dice que ella corrió desesperada y cuando llegó a su casa sufrió un ataque de nervios y por poco se muere.

También dicen que en la playa asusta una mujer vestida de blanco, eso ocurre buscando la medianoche, dicen que es una enfermera que se ahogó. Mi señora no cree en esas cosas porque es evangélica, pero una noche que veníamos de un culto. “Mira, no te asustes --le dije--, porque la mujer de blanco ahí está, no le hablés porque no te va a contestar, ni le estés buscando cara porque no te va a dar la cara”. Y así fue. Y es cierto, ahí estaba la mujer sentada en una piedra.

Yo mismo salí de por ahí una noche y dentro de la playa vi al hombre, estaba dentro del agua y de pronto se hizo grandote, como el alto de ese palo de jocote.

Y la gente del puerto ¿qué dice de eso?

Dicen que es gente que se ahogó, o sea, gente a la que le llega la muerta antes de tiempo, que no estaban en la raya y por eso sus espíritus salen.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
© LA PRENSA 2006 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Festival de Poesía de Granada 2007
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda