Era de madrugada y Ana Nidia Vallecillo amamantaba a su pequeño de cuatro meses, cuando oficiales del Servicio de Inmigración de Estados Unidos la capturaron en su residencia ubicada en la ciudad de Brooklyn Center, en Minnesota, por no poseer documentos legales de permanencia. También se llevaron junto a ella a su suegra Herminia Hernández, mientras que a su cuñada la dejaron para que se hiciera cargo del recién nacido y de otros dos menores de 5 y 7 años de edad.
Hernández arribó a Nicaragua la madrugada del viernes tras ser deportada. Mientras a su nuera Ana Nidia las autoridades de Inmigración le suspendieron temporalmente la deportación debido a que su bebé, que nació en Estados Unidos, aún no tiene el pasaporte americano ni la autorización de salida de su padre, Alex Valerio, quien tampoco posee un estatus legal aquí, sin embargo la Ley establece que un menor sólo puede salir del país con el permiso de sus padres.
A Ana Nidia le fue suspendida la deportación estando en el aeropuerto de Miami, cuando esperaba abordar el vuelo que la retornaría obligatoriamente a Nicaragua. Ella regresó con su bebé en brazos a su hogar la madrugada del viernes, pero el Servicio de Inmigración le impuso un brazalete electrónico en una de sus extremidades para monitorear sus movimientos y una orden de restricción de salidas de su hogar.
La odisea de esta familia inició la madrugada del 13 de septiembre, cuando agentes de Inmigración detuvieron a Alex Valerio y a su madre Herminia, a escasas dos cuadras de su vivienda. Ellas viajaban a bordo de su vehículo rumbo a su trabajo, los oficiales les ordenaron retornar a su hogar y fue donde capturaron también a Ana Nidia, quien se encontraba en su dormitorio lactando al recién nacido.
Ambas mujeres permanecieron un mes detenidas en una cárcel de Inmigración. Valerio dice que su esposa suplicaba a los oficiales que le llevaran a su bebé porque la leche materna era su principal alimento. El recién nacido perdió 9 onzas de peso en un período de 15 días, pero fue en la víspera de la deportación que se lo llevaron a la cárcel para deportarla junto a su vástago.
Valerio dijo que oficiales de Inmigración estaban vestidos de civil esperando en la calle la salida de sus familiares para capturarlas. Él se salvó de ser detenido porque al parecer los oficiales no se percataron que él salía de la misma vivienda y se concentraron en las dos mujeres. “Ellos (los agentes) estaban de civil y por eso no nos dimos cuenta que eran oficiales de Inmigración”, dijo.
“Ellos llegaron buscando a otras personas y al ver que mi mamá, mi esposa y mi hermana no tenían documentos, buscaron en la base de datos que tienen en la computadora y vieron que mi esposa y mi madre tenían orden de deportación.
Es que Ana Nidia y Herminia fueron capturadas por Inmigración en octubre del 2005, en la frontera cuando ambas ingresaban con tres menores de edad. Fueron liberadas bajo fianza y debieron presentarse ante un Juez de Inmigración; sin embargo no asistieron a la cita.
DESCONOCIMIENTO FATAL
Valerio explicó que sus parientes no se presentaron ante el juez por desconocimiento. Al aumentar el número de la familia, determinaron cambiar de domicilio. “No sabíamos que había que reportar el cambio de dirección, la cita seguramente llegó y no nos dimos cuenta”, sostiene.
Valerio dice que a partir de ese momento empezó su calvario, pues no sólo debía enfrentar la detención de su esposa y su madre, sino que tuvo que hacerse cargo del recién nacido, de su pequeño de 7 años, seguir trabajando y viviendo con el temor de ser capturado. “Ahora vivo vigilando si hay personas extrañas alrededor de mi casa, mi hijo que vio cuando se llevaron a su madre y a su abuela detenidas, está presentando problemas psicológicos, tiene problemas para dormir, llora y está presentando incontinencia urinaria a causa del trauma, estoy realmente desesperado con esta situación”, dijo.
Alex Valerio deberá presentarse el próximo 26 de octubre ante un Juez de Inmigración en Minnesota, quien decidirá su suerte. Mientras sus dos hijos, y su sobrino de 7, enfrentan orden de deportación.
Alex Valerio asegura amar a su país pero dice que no puede darse el lujo de regresar debido a que no hay condiciones. Valerio es ingeniero agrónomo y asegura que durante seis años buscó una oportunidad de empleo en su carrera que no encontró, “fue por eso que decidí venir a este país, en Nicaragua yo no tengo un techo ni un empleo esperándonos, haré todo lo posible por quedarme aquí ”.
La Fraternidad Americana Nicaragüense les está brindando asesoría legal a los Valerio Hernández, a fin de evitar la deportación de toda la familia.