Son las cinco de la tarde de un lunes y en el antiguo edificio del Departamento de Ingeniería Industrial (DII) de la Universidad de Chile el ruido de taladros acompaña las horas de estudio de cuatro de los 53 alumnos becados para cursar el Magíster en Gestión para la Globalización (MGPG). “La semana pasada fue un tanto dura”, confiesa con algo de cansancio la ingeniera civil industrial Carolina Oddo, una de las participantes de la primera versión del programa que comenzó hace un mes y en el que fue seleccionada tras un proceso similar al que aplican empresas multinacionales: pruebas de cultura general, de aptitud verbal y matemática, inglés y entrevistas psicológicas para medir la capacidad de trabajar en equipo. Pero ella y sus compañeros reconocen que las exigencias no fueron tan altas si se les compara con el intenso ritmo de estudio que les espera.
Su inquietud es compartida por los profesores del programa gratuito de la Universidad de Chile. El comentario “primera vez que me toca un curso de este tipo” es lo que más ha escuchado en estos días el director académico del MGPG, Patricio Meller, de sus colegas. “Están preocupados de preparar el mejor material porque se dan cuenta de que es gente con mucho potencial”, aclara. Y es precisamente esto lo que distingue al MGPG. “Un buen programa no sólo debe ofrecer una buena malla de ramos... Lo central son los alumnos”, dice Meller.
El MGPG tiene otra gran diferencia: es gratis. Gracias al aporte de una multinacional, la escuela tuvo un amplio presupuesto para organizar una maestría en negocios sin cobro. Y ha podido recurrir a exámenes más exigentes para elegir a sus alumnos. En Brasil, los académicos de la escuela de negocios de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Coppead, también están apelando a la rigurosidad para escoger a los 75 participantes de la promoción 2008. Este año, seis postulantes disputan cada vacante de su maestría en Educación Ejecutiva. Coppead aplica una versión especial de un examen nacional y evalúa la experiencia y planes de los alumnos. “La alta demanda hace que la primera fase sea muy difícil”, explica Ricardo Leal, vicedirector de Maestría y Doctorado de Coppead. ¿Entrevistas? No, gracias. Depender de ellas sería confiar en un criterio subjetivo. No por nada la maestría de Coppead es una de las más competitivas junto a las de otras universidades públicas brasileñas, como la Federal de Río Grande do Sul (UFRGS) y la de São Paulo (USP). “Hay otros excelentes programas en América Latina, pero son pagados”, aclara Leal. “Y son caros”.
TALENTO GLOBAL
También hay vacantes para extranjeros, algunas con financiamiento que puede ser obtenido por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Pero el carácter de institución pública de Coppead la obliga a limitar estos cupos, que en 2008 sumarán 11. “Somos financiados por los contribuyentes brasileños”, dice Leal. Una limitante que, hasta ahora, la Universidad de Chile ha superado gracias al apoyo económico de BHP Billiton y el programa de becas de su filial Minera Escondida. “Fue uno de los vicepresidentes de BHP Billiton, Diego Hernández, quien planteó la idea de la beca”, dice la directora ejecutiva del MGPG, Lysette Henríquez. Pero los US$75,000 por estudiante están lejos de la beneficencia, porque el programa también busca responder a las necesidades de compañías que tienen operaciones en más de un continente. En lugar de abrir cupos para estudiantes extranjeros, la Universidad de Chile optó por invertir US$11.8 millones en la inducción de sus participantes como alumnos regulares de MBA en cinco universidades de EE.UU., Inglaterra y Australia durante un período de ocho meses. Una experiencia a la que se sumarán viajes a Shanghai y Bangalore para aprender sobre Gestión de Cadenas de Abastecimiento y Tecnologías de la Información. “Cada alumno tendrá que interactuar con estudiantes de otros países para estar obligado a hablar en inglés”, explica Patricio Meller. Un desafío no menor, reconoce el académico, y en el que los resultados se verán sólo en tres años más. Un período en el que podrían surgir los primeros exponentes de la meritocracia ejecutiva latinoamericana.