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¿Cómo enseñar a ser optimista?
Ernesto González Valdés
El optimismo es una cualidad de la inteligencia emocional que se puede aprender
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni

Ser unos padres optimistas es mucho más que ser unos padres alegres y divertidos. El optimismo nos permite ver lo positivo de cuanto nos rodea. Es un hábito de pensamiento que aporta a nuestra familia seguridad y confianza en que los errores, los problemas y las dificultades son oportunidades de mejora, de cambio y crecimiento.

Nuestros hijos están en una etapa de constante aprendizaje y de continuas equivocaciones. La actitud que mostremos en estas situaciones será vital si queremos que crezcan con la convicción de que los problemas son oportunidades para crecer y mejorar.

El optimismo tiene que ver con la alegría y el buen humor pero no son la misma cosa. El optimismo es un hábito de pensamiento positivo. El diccionario define el optimismo como la propensión a ver y a esperar de las cosas la parte más favorable.

¿Qué dicen las investigaciones realizadas al respecto sobre esto? “Las personas optimistas se deprimen con menor frecuencia, gozan de mejor salud y tienen más éxito en los estudios y en el trabajo”.

El optimismo es, además de un hábito de pensamiento positivo, una cualidad de la inteligencia emocional que se puede aprender (o no), si el entorno lo favorece. Es por ello que cuando los padres y madres son modelos de conducta nuestros hijos e hijas habrán de copiar y a la vez absorber la forma en que nosotros los adultos enfrentamos los problemas.

El optimista considera que los acontecimientos positivos y agradables ocurren habitualmente y que los contratiempos son sucesos puntuales y superables en mayor o menor medida.

Una persona optimista ve en los problemas con los hijos oportunidades para fortalecer la relación y crecer juntos en vez de verlos como situaciones irritantes y exasperantes, lo cual suele ser la otra “cara de la moneda” o la antítesis de la persona optimista.

No debemos olvidar que ser optimista transmite confianza y seguridad, refleja en la persona la seguridad de que el cambio y la mejora son posibles si nos esforzamos y nos dedicamos a ello; el pesimismo por su parte, cierra las puertas al cambio, destruye la autoestima y no permite el avance dado que comunica derrota y negatividad.

Aprender juntos a sacar provecho de los conflictos, las dificultades y los problemas edificará en nuestra familia unos hábitos sanos de crecimiento y superación.

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