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Argentina: “Ojalá ganen”
Danilo Arbilla

BUENOS AIRES

Si hubiera que señalar la principal ventaja comparativa de los gobiernos neoprogresistas latinoamericanos las opiniones estarían divididas entre “ la buena suerte” y “la oposición”.

La bonanza económica que generó la irrupción del “neoliberalismo” en China e India es uno de los sostenes de tanto presidente iluminado y verborrágico que hoy predomina en la región. Sin ese viento a favor que les ha generado “ el mercado”, al que tanto repudian, hacía un buen rato que a más de uno le había llegado el momento de partir.

Pero más aún que los buenos precios — la gente tiene valores a los que aprecia más que al mero bienestar económico— la mejor suerte de todos ellos ha sido “la oposición”. Con una oposición política diferente, en algún país, quizás Venezuela, ya se habría dado el cambio y en otros, quizás Ecuador, no estarían los que están. Resulta una verdad casi innegable que el ascenso de los Lula, Chávez, Kirchner,Vázquez, Morales, Correa, Ortega, no fue por mérito propio sino por demérito de los otros, por el agotamiento de los partidos y figuras históricas y tradicionales. Fue tras el grito de “ que se vayan todos” que aparecieron ellos. Dijeron que eran diferentes, que no eran políticos, ostentaban la virtud de “outsider” o la de ser un perfecto desconocido .

En un corto tiempo ya casi todos han mostrado que son iguales, en casos bastante menos capacitados y en otros bastante más corruptos, y sin embargo no les ha tocado la de irse. La razón es una: los que están para sustituirlos— la oposición— son los mismos de antes. He ahí , entonces, la gran ventaja comparativa.

En estas horas, en Argentina, se han definido los candidatos a la presidencia que competirán el próximo 28 de octubre, en elecciones que casi nadie duda que ganará Cristina Fernández de Kirchner, esposa del actual presidente Néstor Kirchner (una fórmula alternativa a la reelección permanente para mantenerse indefinidamente en el poder, y sin el riesgo de que puedan ser llamados “dictadorcitos”).

Los competidores por lo menos serán ocho: Cristina y el resto de la oposición que, como se ve, va muy poco unida. Puestos así los nombres sobre la mesa, la esperanza de una segunda vuelta se diluye. No hay “balotage” si un candidato obtiene más del 40 por ciento de los votos y una ventaja del 10 por ciento sobre su inmediato seguidor. Según las encuestas la hoy primera dama consigue esos números y si necesitaba alguna ayuda un abanico opositor “ tan abierto” se la da.

Existía la expectativa de que una oposición un poco menos desunida, más ciertas cosas de los últimos tiempos que “ afean” bastante al Gobierno — inflación, crisis energética, inseguridad, corrupción, abusos de poder— abrieran la posibilidad de, por lo menos darle un buen susto a “los Kirchner”.

Pero parece que no será así y “ la oposición tendrá el Gobierno que se merece”. Esto es lo que piensan algunos, aunque otros, más respetuosos de las habilidades opositoras, hablan del “Gobierno que la oposición quiere y al que, hoy por hoy, y con vista a un futuro no muy lejano, necesita”.

El razonamiento es este: en muy poco tiempo y sin necesidad de que los buenos vientos cambien demasiado, el desastre de la actual gestión habrá de reflejarse en la realidad y el próximo gobierno deberá hacerse cargo de ello y lo justo y lo que conviene es que sean “ loskirchner”.

Mientras tanto los distintos partidos y líderes opositores tratan de mantener y mejorar sus perfiles y que en estas instancias aparezcan bien definidos y lo menos contaminado posible. En esta elección hay poco para ganar y ya vendrá el tiempo para acuerdos y coaliciones.

Todos piensan y confían en el “ después”. Sobre todo en el que le espera a Cristina Kirchner para después de las elecciones. Por ello es que muchos de sus más duros opositores desean que gane y lo desean con fuerza y con la misma sinceridad y malicia con que aquel jorobado y deforme al que le robaron la ropa mientras se bañaba, le gritaba al ratero que huía con sus prendas : “Ojalá te queden bien”.

Periodista uruguayo

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