Más de tres millones de hectáreas de bosques perdidas, siete reservas naturales arruinadas y seis cuencas hidrográficas afectadas, es lo que dejó el huracán Félix a su paso mortal por el Caribe nicaragüense, el pasado 4 de septiembre.
Estos son datos preliminares, luego de que el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) ejecutara la primera etapa del Plan de Evaluación de Daños Ambientales en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Áreas protegidas como la Reserva de Biosfera de Bosawas perdieron tanta masa forestal, que aparentemente el Corredor Biológico Mesoamericano (CBM) quedó interrumpido, y no se sabe el paradero de algunos de los animales más representativos de la zona, como el puma o el quetzal.
Otras, como la Reserva Biológica Cayos Miskitos, simplemente desaparecieron. Todo lo que hay en los islotes son árboles quemados. Ahí, el verbo vivir sólo se conjuga en tiempo pasado.
El Marena calificó los daños como “severos” en la vegetación y en el suelo.
Asimismo, clasificó con “daños significativos” las afectaciones en la flora y fauna.
Como “daños medianos”, estableció lo ocurrido en la hidrología, hidrogeología, paisaje, seguridad e higiene.
En total, el área afectada es de 3,340,412 hectáreas.
De esas, 825,957 hectáreas no tenían cobertura vegetal, 421,278 hectáreas eran de pino, y las restantes 2,093,177 hectáreas la conformaban los bosques latifoliados, es decir, árboles como caoba, cedro real, cedro macho, frutales, entre otros.
Un fenómeno que tiene “enredados” a los especialistas es la contaminación en las aguas subterráneas.
Supuestamente los estudios realizados no atribuyen al desborde de las letrinas semejante contaminación, por lo que todavía continúan las investigaciones sobre esto.
ES SÓLO EL INICIO
Lo peor, sin embargo, podría estar por venir, ya que el Marena reportó que el suelo refleja severos daños en su capacidad productiva, pérdida de capa vegetal y erosión hídrica.
Esto significa que será difícil cosechar para los campesinos y prácticamente el área no se puede tocar, ya que es imposible sacar tantos árboles y de intentar hacerlo, la mano del hombre haría aún más daño.
El presidente ejecutivo del Instituto Nacional Forestal (Inafor), William Shwartz, mostró su preocupación por la amenaza de incendio que hay.
Cuando toda la madera tumbada se seque, la zona será como un tanque de gasolina a la intemperie, cualquier chispa desencadenaría otro desastre.
Shwartz dijo que el Inafor y el Ejército están preparando un plan para proteger los bosques perdidos, tanto de un incendio como de madereros que querrán aprovecharse de las circunstancias. El objetivo es dejar que los bosques se regeneren naturalmente.
La decisión no es fácil, según el funcionario, debido a que la maleza podría provocar una epidemia a través de los mosquitos, que se espera proliferen en la RAAN cuando a medida la madera entre en estado de descomposición.
Shwartz brindó sus declaraciones tras firmar sendos convenios con la Universidad Nacional Agraria (UNA) y el Instituto Tecnológico Forestal (Intecfor), para iniciar el inventario forestal de Nicaragua en la zona del Pacífico.
También esperan conocer el comportamiento de las plagas que afectan a la flora nicaragüense, para combatirlas.
Para tener las primeras conclusiones preliminares sobre los daños ambientales causados por Félix, el Marena se auxilió con información cartográfica, mapas de uso de suelo, imágenes satelitales de la NASA (Aeronáutica Nacional y Administración Espacial de los Estados), y GPS (Sistema de Posicionamiento Global).