El Banco Mundial lanzó el jueves una alerta sobre la inminencia de una crisis mundial de alimentos con precios que se han duplicado en los últimos tres años y que, de mantenerse en su actual nivel, pueden significar una reversión de tres puntos porcentuales en la pobreza en los países de bajos ingresos.
“No estamos hablando sólo de alimentos o de brotes de intranquilidad social”, dijo el presidente del banco, Robert Zoellick. “Se trata de la pérdida de un potencial de niños y adultos del futuro, de frustración intelectual y de crecimiento físico”.
Zoellick pidió a la comunidad internacional que responda a la “situación de emergencia” que se ha planteado en países como Haití, a raíz de la escalada en los precios de los alimentos.
“En primer lugar, para la crisis inmediata, la comunidad internacional debe cubrir al menos el hueco de 500 millones de dólares en el programa alimentario de Naciones Unidas, para satisfacer las necesidades de emergencia”, señaló en rueda de prensa.
Marcelo Giugale, director de los programas alimentarios del banco para América Latina, dijo que en la región los “efectos serían variables” entre un país y otro en el mismo nivel de ingresos como es el caso de Bolivia, un exportador de soya que se beneficiaría con los precios altos, comparado con las economías centroamericanas que sufrirían más por ser importadores netos.
BIOCOMBUSTIBLES, PARTE DEL PROBLEMA
Indicó que parte del origen de la crisis estaba en el hecho de que muchos gobiernos estaban orientando su producción agrícola a la generación de biocombustibles, y mencionó el ejemplo de Estados Unidos, donde prácticamente toda su producción de maíz se dedicaba ahora al etanol.
“El maíz prácticamente ha salido del mercado en un proceso que empezó hace tres años”, dijo en una rueda de prensa en la sede del Banco Mundial, que celebra esta semana su primera reunión de gobernadores del año juntamente con el Fondo Monetario Internacional.
OTROS FACTORES
Señaló como factores adicionales de la crisis el incremento de los costos de producción por los combustibles y fertilizantes caros; el cambio climático en varias regiones del mundo, particularmente Australia; el cambio de hábitos alimenticios en Asia, donde el mayor ingreso personal está generando preferencias por las proteínas; y parte de la liquidez que se ha estado inyectando a los mercados, para encarar la falta de créditos, pero que se ha canalizado a los mercados de futuros y derivados.
Zoellick dijo en una rueda de prensa en la sede del FMI que el trigo ha subido un 120 por ciento en el último año, lo cual significa que una hogaza de pan se ha “más que duplicado” entre un año y otro.
En Haití el arroz experimentó una subida de 40 por ciento desde 2007.
Zoellick, que acudió a la conferencia de prensa con un paquete de arroz y un bollo de pan, recordó que “en muchos países en desarrollo los pobres gastan hasta el 75 por ciento de sus ingresos en comida. Cuando los precios suben es duro para ellos”.
Apuntó, con un saco de arroz de dos kilos en la mano, que en países como Bangladesh una familia pobre gasta casi la mitad de sus ingresos diarios en una bolsa como ésa.