Una bala perdida le partió, en tres fragmentos, el dedo medio de la mano izquierda a Oscar González Canizález, de 24 años, quien relata que el proyectil que atravesó el techo de su casa iba directo a alojársele en el corazón, pero gracias a la costumbre de dormir con las manos en el pecho hoy está contando la historia.
González, diseñador gráfico a cargo de alimentar la página web de LA PRENSA, no sale de su asombro al relatar que el domingo 13 de abril a eso de las 12:30 de la noche llegó a su casa, se acostó y cuando casi se quedaba dormido escuchó un estruendo, “fue una explosión, y pensé que se trataba de mi celular, que en ese momento lo tenía cargando”.
Después de verificar que su celular no había hecho explosión, González se percató que tenía húmeda su camisa y entumida su mano izquierda. Encendió la luz y el color rojo sobresalía en su cama, su camisa y el piso de su cuarto. Su sangre estaba por todos lados incluso se pueden notar pequeñas salpicaduras en la pared contiguo a su cama, rastro de cuando la bala rebotó en su mano izquierda.
Hoy contar la historia para Oscar González no es fácil. Dice que ese día llegó de su trabajo y entró directo a su cuarto. La frase de buenas noches, recibidas de labios de su mamá, fueron como una bendición. Se acostó viendo el techo, con las manos en el pecho mientras conciliaba el sueño, hasta que el fuerte sonido de la bala penetrando el techo y atravesando el cielo raso lo catapultó de la cama.
“No sentí nada, sólo un pequeño piquete en mi mano, pero hasta ahí. Escuché que algo metálico cayó al piso pero no le puse mente qué era. Luego de ver la sangre en todo mi cuarto comencé a llamar a todos los de la casa e inmediatamente me llevaron al hospital. Ya en ese momento no soportaba el dolor en mi mano y mi dedo daba la impresión de estar pendiendo de un hilo”, cuenta González.
La bala perdida terminó su camino debajo de la cama de Oscar González, quien hoy la muestra sin miedo, como un trofeo que le recuerda que la simple manía de dormir con las manos en el pecho le salvó la vida. Tras unos meses de reposo y otros de terapia, González va a poder mover el dedo, pero no va a poder empuñar la mano. En este caso no se interpuso denuncia ante la Policía, por lo tanto no se hizo ninguna investigación.