La caída sostenida de la moneda de EE.UU. desespera a los exportadores y multiplica los llamados a intervenir el tipo de cambio
La colombiana Lyda de la Espriella ha debido recurrir a la imaginación. Como gerente general de Heliexport, una comercializadora de productos agrícolas de su país, la baja del valor del dólar ha recortado sus ingresos drásticamente. “En 2007 tuvimos una caída del 73 por ciento en las ventas y se debe exclusivamente a la baja del dólar frente al peso”, explica.
“Para no perder lo que ya habíamos ganado en mercados externos, les pedimos a nuestros proveedores agrícolas que nos financien un seguro especial para garantizar un nivel mínimo de ingresos para sobrevivir, al menos hasta que pase la tormenta”, añade.
Desgraciadamente, no todo el mundo recurre a la imaginación para compensar sus problemas de tipo de cambio. En Chile, algunas exportadoras planean recurrir a medidas tradicionales para enfrentar la baja, como los despidos. Según una encuesta hecha por la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma) a 120 empresas en enero, un 28 por ciento planea reducción de planta y un 60 por ciento ha paralizado sus inversiones. En Perú y Brasil, otros dos países donde la moneda local se ha fortalecido frente a la divisa, hay lamentos similares entre los exportadores.
Y es que la situación está generando muchos problemas a los que tienen el mercado internacional como destino de sus productos. La recesión de Estados Unidos y el alza en el precio de las materias primas han hecho que el valor de muchas monedas locales suba frente al dólar estadounidense, moneda de uso preferente en las transacciones internacionales. Esta tendencia se acentúa por el diferencial de tasas: mientras las autoridades económicas de Estados Unidos. han apostado por una reducción en los tipos de interés para reactivar la economía, muchos países latinoamericanos han debido subirla para evitar presiones inflacionarias. Al cierre de esta edición, el real brasileño se había apreciado un 6.3 por ciento frente al dólar en lo que va del año, el peso chileno en un 13 por ciento, y el peso colombiano y el sol peruano en un 11 por ciento cada uno.
Se trata de un golpe en el estómago a las economías “commodity-exportadora-dependientes”, lo cual ha multiplicado las voces de quienes llaman a revisar los dogmas en las políticas cambiarias, como la libre flotación. En Chile, por ejemplo, un grupo de exportadores solicitó al Gobierno que instaurara un valor “ético” del dólar que les permita vivir con “dignidad”. Por otro lado, el Congreso de Chile conformará una comisión para que estudie el tema.
“Nos sentíamos en un monólogo ante la autoridad económica, y ahora vemos que hay consenso en el mundo político de, al menos, discutir el tema”, dice Patricia Pérez, presidenta de Asexma.
ALGUNAS ACCIONES
El problema es qué hacer. Los países más afectados son los que tienen regímenes de libre flotación, en el que el cumplimiento de metas inflacionarias es la directriz principal de sus bancos centrales, políticas que han sido eficaces en la estabilidad macroeconómica, el desarrollo de mercados financieros internos y en la atracción de inversión internacional.
Las autoridades económicas han hecho lo que tienen a mano. En Perú, en enero, el banco central comenzó a implementar medidas como elevar el encaje (el nivel de reservas que los bancos comerciales deben mantener en la entidad emisora) y algunas restricciones a las transacciones en instrumentos de deuda pública que podrían tener un efecto en el tipo de cambio. “Sin una intervención prevemos que la tasa de cambio siga a la baja, cerca de 2.60 soles por dólar”, señala Marcos Ruiz, jefe de análisis macroeconómico de Apoyo Consultoría en Perú.
Agrega que si bien de forma agregada el tipo de cambio no ha tenido un efecto tan fuerte en las exportaciones, hay sectores que están sintiendo los golpes. Y prevé que veremos más medidas “arcaicas” en Perú ante presiones al tipo de cambio, a pesar de que tendrá un efecto negativo en la credibilidad en las metas inflacionarias.
En Brasil, el Ministerio de Hacienda anunció medidas de ayuda, como permitir a los exportadores mantener fuera del país sus ingresos en dólares y eliminar un impuesto a las transacciones financieras para los envíos. El gobierno también anunció un impuesto del 1.5 por ciento a las transacciones de compra de bonos públicos brasileños por parte de inversionistas extranjeros para frenar el flujo de capitales.
En Colombia, en tanto, la inflación se ha disparado por sobre la meta y el Banco de la República está en un dilema. “La meta es del cuatro por ciento está en 5.98 por ciento”, dice Claudia Córdoba, del Observatorio de Macroeconomía y Finanzas Públicas de la Universidad de Externado en Bogotá. “La autoridad monetaria ha comenzado a implementar medidas de aumento de encaje marginal, pero hasta ahora no han tenido mucho efecto en el país”.
Los exportadores se quejan, pero tampoco saben qué política recomendar. “No es nuestra tarea decirle a la autoridad qué medidas debe implementar, pero es importante que escuchen sobre nuestros problemas”, dice Soledad Castro, de la oficina de comunicaciones de Asexma.
Algunos economistas temen que tarde o temprano veremos intervenciones de los gobiernos. “El problema es que cada día que pasa sin que se haga, la intervención tendrá que ser mayor”, dice John Williamson, del Peterson Institute for International Economics, en Washington DC.
“No veo ninguna alternativa a la libre flotación, pero es el momento de que los gobiernos como Colombia, Chile y Brasil por lo menos empiecen a considerar en qué nivel les gustaría ver el tipo de cambio para mantener la competitividad”, destaca.
“El problema es la creencia de que la libre flotación no es una intervención, cuando en realidad es una enorme intervención en la sustentabilidad de un modelo de crecimiento”, señala Francisco Arroyo, director del Centro de Investigación para el Desarrollo de Facultad de Economía de la Universidad de Chile. “Sólo velar por el correcto funcionamiento de la política fiscal y monetaria, sin considerar una correcta política cambiaria, puede llevar a serias crisis y golpes a todo el modelo de crecimiento del país”, dice. Y pide mirar a Asia emergente, donde los países han considerado históricamente la política cambiaria una parte central de sus modelos económicos. “En cierta forma es una competencia desleal de otros países”, alega Patricia Pérez, de la asociación chilena Asexma. “En algunos meses veremos si además estamos perdiendo mercados frente a productores de esa zona”, añade.
Sin embargo, no todos los exportadores en la región tienen en la mira a la libre flotación como explicación de todos sus males. En Brasil, que ha visto una baja en su estimación de superávit comercial para este año a entre US$10,000 millones y US$25,000 millones, frente a US$40,000 millones registrados el 2007, “nos gusta la libre flotación”, señala José Augusto Castro, vicepresidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior, AEB. “El problema son las altas tasas de interés en el país y creemos que una baja de tasas por parte del Banco Central ayudaría a las exportaciones”.
Lo bueno es que el diferencial de tasas no se mantendría durante tanto tiempo y que podría reducirse para fin de este año. “Creemos que a fines de 2008 la recesión económica de Estados Unidos podría ya haber tocado fondo o estar cerca de ello, y las presiones inflacionarias internacionales en los commodities y la energía bajarían, lo que podría llevar a bajas en las tasas de interés en América Latina y menor influjo de capitales”, señala Alfredo Coutiño, economista para América Latina de Economy.com, un filial de Moody's. Coutiño prevé que para fin de año la mayoría de las monedas de la región podrían debilitarse frente a sus actuales niveles.
Hasta que eso pase, la mejor medida para compensar la caída de los ingresos es la imaginación, como la aplica la colombiana Lyda de la Espriella. Si no, el sector seguirá lamentando las pérdidas.
Algunos economistas afirman que tarde o temprano se verán las intervenciones cambiarias.