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El imperio de la Ley
Eduardo Duquestrada
El autor es economista
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El consenso entre los economistas durante las décadas de los ochenta y noventa en Washington (BM y FMI) era que para lograr el desarrollo sostenido se necesitaba simplemente implementar las políticas económicas correctas (fiscal y monetaria). El tiempo ha demostrado que éste no siempre ha sido el caso. A finales de los noventa los eruditos del Banco Mundial, Daniel Kaufmann, Aart Kraay y Pablo Zoido-Lobatón, publicaron sendas investigaciones, donde manifestaron que aun cuando las políticas económicas del país sean correctas, es primordial que exista “gobernabilidad”, que debe interpretarse “sine qua non” como la capacidad de cualquier gobierno o administración pública, para llevar adelante planes nacionales de progreso en todos los niveles, con el debido respeto a las leyes y derechos de los diferentes sectores de la sociedad.

Estos expertos internacionales definieron los indicadores de un buen gobierno dentro de seis “clusters” o grupos; Voz y Responsabilidad, Estabilidad Política y Violencia, Efectividad Gubernamental, Carga Fiscalizadora, Imperio de la Ley y Corrupción. De estos conjuntos se definieron indicadores que se relacionaron con el progreso económico en 173 países, encontrándose con una alta correlación entre gobernabilidad y desarrollo económico. Un pequeño avance en las guías implica un aumento en el importante renglón del ingreso per cápita.

El primer grupo de indicadores (Voz y Responsabilidad) toma en cuenta aspectos del proceso político y se centra en la capacidad de los ciudadanos en elegir a sus representantes y la fortaleza de los medios independientes, que a su vez juegan un papel trascendental en responsabilizar al gobierno de sus actos. El segundo grupo (Estabilidad Política y Violencia) se concentra en que tan frágil es el sistema político a ser cambiado inconstitucional o violentamente.

El tercero y cuarto grupos (Efectividad Gubernamental y Carga Fiscalizadora), se enfocan en la seguridad del servicio público, la burocracia, la inversión estatal y la inclinación del gobierno a respetar sus compromisos financieros. Los postrimeros dos grupos (Imperio de la Ley y Corrupción) acumulan indicadores que calculan la confianza de los ciudadanos en las leyes, las instituciones y el respeto a los derechos legales y contractuales, además del nivel de corrupción pública. Tan importante es hoy el concepto de “gobernabilidad” que todos los financiamientos y donativos provenientes de los organismos multilaterales y los países cooperantes traen consigo esas condiciones.

Una década después el Proyecto Mundial de Indicadores de Gobernabilidad (WGI), del Banco Mundial, manipula datos de más de 60 indicadores para 212 países desde 1996.

En le caso de Nicaragua, por ejemplo, el “score” del grupo Voz y Responsabilidad, basado en una escala de -2.5 a +2.5 es de -0.22, muy por debajo de Chile (+1.15) aunque todavía por encima de Venezuela ( -0.58).

Dicho esto, en un reciente artículo de la revista The Economist, titulado “Orden en la Jungla”, —con todo el respeto a los animales— se despliega la posición de algunos economistas que debaten los postulados de este nuevo concepto. Según el artículo en mención, países como India y China manifiestan que no necesariamente el desarrollo económico va de la mano con el avance de la democracia, llevándolos a la conclusión que algunos patrones de “gobernabilidad” son más elementales que otros en el camino al desarrollo. Según el catedrático y premio Nobel, Douglass C. North, lo más trascendental es el “Imperio de la Ley”. Los entes económicos forjarán riqueza en la medida de que sus derechos de propiedad sean respetados, la administración de justicia sea confiable, eficaz y el ordenamiento del mercado sea invariable.

En otros términos, es imperioso un régimen donde las leyes y sus dirigentes proporcionen seguridad, confianza y no suspicacia. Y cómo sale Nicaragua en este indicador; desafortunadamente con un -0.76, aunque para consolación, arriba de Bolivia (-0.90), Ecuador (-0.96) y Venezuela (-1.39). “La realidad nos abre los ojos”, dice el refrán anónimo, realidad que debe llevarnos a recapacitar.

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