En total abandono dijeron sentirse los habitantes de las comunidades como Raití, San Andrés de Bocay, Walakistan y Tuburú, entre otras asentadas en las riberas del Río Coco, fronterizo con Honduras, donde el Estado nicaragüense no tiene incidencia.
Así lo constataron durante un viaje realizado la semana que recién finaliza los representantes de diferentes instituciones, entre ellas la Policía Nacional y la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), quienes se hicieron eco de las necesidades de los más de 22 mil habitantes de esa zona.
El coordinador nacional de la ANPDH, Roberto Petray, dijo que es lamentable la situación en la que habitan estos nicaragüenses, quienes en su gran mayoría han sido acogidos por las instituciones hondureñas, que les están enseñando sus propios códigos culturales al abrirles las puertas de sus escuelas.
Aunque hay que reconocer que después de gestiones hechas por la ANPDH (después de visitar la zona) el Ministerio de Educación paga maestros para que impartan las clases en dichas comunidades indígenas, explicó Petray.
ARMADOS SIEMBRAN TERROR
Una comisión especial compuesta por los jefes y segundos jefes de Policía de los departamentos de Estelí, Jinotega y Matagalpa, la ANPDH, un grupo de estudiantes y docentes de la facultad de Medicina de la Ucatse y sacerdotes de la Diócesis de Estelí terminaron el jueves pasado una visita en las zonas indígenas pertenecientes a comunidades de Wiwilí, departamento de Jinotega.
Petray dijo que en zonas como Plis Central, rumbo a Raití, una banda de armados que se denomina Los Huracanes mantiene en zozobra a la población, debido a los actos delictivos que cometen.
ROSARIO DE DELITOS
Robos con intimidación, abigeatos y hasta violaciones son cometidas por este grupo delincuencial, por lo que los jefes policiales que conformaban la comitiva se comprometieron a realizar operativos en conjunto con el Ejército, para neutralizar a los antisociales.
Asimismo las autoridades se comprometieron a organizar y constituir la Policía con voluntarios, en las comunidades de Plis, San Andrés de Bocay, Walikitan, Tuburús, Pancawás y Raití, para mejorar la seguridad ciudadana en esa zona donde no existen uniformados ni el Poder Judicial; ahí los problemas son arreglados con el palo, machete y piedra.
Las comunidades miskitas también pidieron la presencia de la Policía y el Poder Judicial para enfrentar los problemas ocasionados por delitos como el cultivo, expendio y tráfico de droga, la violencia sexual, principalmente cometida por ciudadanos hondureños que ingresan por el río hacia comunidades miskitas.
DE NUEVO EL Grisi Siknis
La locura colectiva, llamada grisi siknis, sigue afectando a un importante sector de la población indígena sobre todo en Raití, donde hay más de 60 personas corriendo por las calles con piedras, machetes y otros objetos en la mano.
El coordinador de la ANPDH dijo que hay hambre y desesperación en esas comunidades indígenas donde sus habitantes les pidieron que lleven su clamor hasta las autoridades nacionales.
“Cada dos meses llega el Programa Mundial de Alimentos (PMA) a entregarles 30 libras de granos básicos y luego no se vuelve a aparecer nadie”, agregó Petray.