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Noticias >> Nacionales
Tyron Blanco. (LA PRENSA/ARCHIVO)
Estafados por CCI recurren a Fiscalía
Policía estudia si caso amerita investigación
Elízabeth Romero
nacionales@laprensa.com.ni
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El representante en Nicaragua de la corporación Credit Consult International (CCI), con sede en San Francisco, California, que estafó a varios empresarios nicaragüenses, salvadoreñas, costarricenses y mexicanos, era Mario Saavedra, señala Oscar Mantilla.

Al igual que el resto de afectados, Mantilla, un joven de 22 años, introdujo una denuncia en contra de CCI por estafa ante el Ministerio Público.

Mientras tanto, el jefe en funciones de la Policía, comisionado general Carlos Palacios, anunció que coordina con sus homólogos salvadoreños para conocer más del caso y determinar si éste amerita una investigación.

Según Mantilla, a instancias de Saavedra fue creada una empresa con el nombre de Credit Consult Flex, una oficina para hacer las gestiones.

Mantilla era un gestor, a quien por cada contrato de financiamiento que acordaran, le pagarían el 0.5 por ciento del monto a desembolsar, dijo Tyron Blanco, abogado del afectado. Eso significa que el CCI le debe a Mantilla no menos de 200 mil dólares.

Según el abogado de Mantilla, en marzo del 2007, su cliente fue despedido del trabajo sin que hubiese recibido “un sólo pago”.

“A él (a Mantilla), lo contrata Mario Saavedra”, dijo Blanco.

La noticia de las estafas millonarias a centroamericanos y mexicanos trascendió la semana pasada en El Salvador, con tres publicaciones que realizó el Diario El Mundo, a través del cual se menciona a Saavedra y a Mantilla como la conexión con la corporación estadounidense que tramitaba financiamiento a bajas tazas de interés a través de bancos extranjeros inexistentes, sobre todo de uno domiciliado en Hong Kong.

Pero debían adelantar una garantía por el financiamiento conocida como ILG.

Saavedra alegó que él también fue perjudicado, y aplicó al cargo a través de clasificados, en los que buscaban un representante.

En su denuncia, Saavedra dice que cuando el cliente estaba por cancelar el ILG la comunicación era fluida, una vez cancelada, el cliente era olvidado.

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