Churchville, Virginia (AIPE)— Enfrentamos una crisis de alimentos por la creciente utilización de las cosechas para producir biocombustibles. Además, miles de agricultores en Estados Unidos están retirando sus tierras de los programas de conservación del Gobierno. La escasez de granos aumenta, pero se disparan sus precios y quienes crían cerdos los están matando porque resulta antieconómica su alimentación.
Los países asiáticos están prohibiendo la exportación de arroz para poder garantizar el consumo de su gente, debido a que muchos de los productores de arroz se han cambiado para maíz, vendiéndolo a quienes lo utilizan en la producción de etanol.
Todo esto se debe al pánico del recalentamiento global que ha hecho que la gente crea que conviene más quemar los comestibles para producir energía, en lugar de que la gente y el ganado se alimente con ellos.
Desde hace más de dos años, los economistas han estado prediciendo las terribles consecuencias de las regulaciones y subsidios a los biocombustibles que dan la espalda a la creciente demanda de alimentos en los países en desarrollo y al aumento de la población mundial.
En un acre (4,047 metros cuadrados) de terrenos agrícolas se logra producir apenas 50 galones (189 litros) de biocombustibles al año. Pero en Estados Unidos se consumen 134 mil millones de galones de gasolina anualmente. El masivo traspaso de la producción de alimentos a la ineficiente producción de biocombustibles es una tragedia tanto nacional como mundial. La inmensa cantidad de terrenos requerida para la producción de biocombustibles ha hecho que el desastre no se haga esperar.
En los últimos dos años, el precio de una fanega de maíz se ha disparado de 1.86 dólares a 6 dólares. Así constatamos los verdaderos resultados de políticas en contra de la utilización del carbón, la exploración de nuevos campos petroleros y lo costoso y complicado que es obtener permisos para una nueva planta nuclear. El resultado es hambre, necesidad y la destrucción de los recursos naturales del planeta.
El calentamiento terrestre desde 1940 ha sido de 0.2 grados centígrados y no ha habido calentamiento algunos durante los últimos diez años. Por el contrario, la temperatura bajó en 2007, aunque el año pasado aumentó el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. ¿Tendremos que pasar hambre y necesidad para satisfacer a los alarmistas?