El doctor Jaime Incer Barquero, uno de los científicos más respetados de Nicaragua, dio un paso largo, falseó, respiró hondo después de avanzar varios metros de terreno irregular cerca de la Laguna de Apoyo y lanzó un SOS por los recursos naturales.
A las 2:44 minutos de la tarde se bajó de su carro. Lo seguía la gente. Parecía un predicador entre multitudes, abriéndose paso entre decenas de jóvenes, casi todos con la misma pinta: camisas ajustadas, chapas en la nariz, gorras del Ché, y aficionados del rock que durante todo el día recogieron basura, tanto como decir que, al ver amontonados los desperdicios, se contaban decenas de sacos, un motor y veinte llantas que se hallaban en las profundidades.
Incer, quien ya había sido informado de todo esto minutos antes, miró con pena el hallazgo y luego dejó claro por qué es tan importante empezar con este primer paso una jornada de limpieza de las otras lagunas del país.
“Donde miramos hay problemas de contaminación”, dijo cabizbajo, empuñando los ojos, cavilando muy bien lo que decía.
“El futuro de Nicaragua depende mucho de cuánta agua está disponible, especialmente para dar de beber a una población cada vez más sedienta, cada vez más numerosa y por eso nuestro propósito y objetivo mayor es salvar el Lago de Nicaragua porque me imagino que en unos 50 años todos vamos a tener que beber de sus aguas, en las medidas en que se secan los ríos va quedar el lago como fuente supuestamente inagotable para satisfacer las necesidades domésticas de toda la población y de toda Nicaragua”, respondió a quienes lo seguían.
A unos diez metros de él, en un galerón, con decenas de jóvenes pidiéndole canciones, estaba Alejandro Mejía, músico, barbudo, pelo largo, que con voz de ultratumba cantaba contra la política en esta tarde que finalizó un poco más feliz para todos.
Ahí estaban con él, que sacaba música de un cajón, tres jóvenes más del Clan Mejía, la nueva generación de esta familia de larga tradición musical que le han sacado punta a promover la ecología y que llegaron anoche, como explica Augusto, conocido por sus primos como el “negro tambor”, a cantar sus viejas canciones, sus nuevos logros, buscando cómo jalar a los jóvenes hacia este tipo de actos.
Lo lograron. La voz pastosa de Alejandro, famoso por cantarle a los nicas en Costa Rica, se va colando en el ambiente bajo la brisa terca que durante todo el día convirtió ayer el espejo de la laguna en el nicho de una niebla que daba un aspecto fantasmal, pero que refrescaba a las más de 300 personas que, por iniciativa de la fundación Natura, Rock Ecológico y Amictlan (Asociación de Municipios Integrados por la Cuenca y Territorio de la Laguna de Apoyo), promovieron que se intentara recobrar este paraíso, que comparten dos departamentos: Granada y Masaya.
Desde las ocho de la mañana llegaron algunos. Otros desde mucho antes estaban ya entusiasmados. Sacaban basura, incluyendo treinta buzos que desde el sábado se metieron al agua para extraer la porquería. Diez de ellos eran militares de la Fuerza Naval. Al mando de todo este trabajo estuvo siempre Fabio Buitrago, científico también y de la Fundación Natura, que se lanzó al agua e instó a rescatar las lagunas del país, en plena sintonía con Incer.
Un niño estaba allí cerca cuando lo dijo. Su padre lo veía. Le explicaba lo importante de limpiar ese espejo que se extendía antes sus ojos y Buitrago, de poco más de 30, recordaba a su padre y a él, pero en la laguna de Xiloá, sumergiéndose niño, mirando las algas y los peces moverse en aquel mundo maravilloso.