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La unidad liberal y sus problemas
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La suscripción de los Acuerdos de Alianza Estratégica entre la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), publicados en campo pagado de LA PRENSA el martes de la presente semana, ha sido sin duda un paso muy importante en la búsqueda de la indispensable unidad para la defensa y el fortalecimiento de la democracia. Mediante estos acuerdos, ambos partidos liberales se comprometen a participar unidos en las elecciones municipales del 2 de noviembre próximo. De esa manera se aseguraría prácticamente la victoria de las fuerzas democráticas, pues según estimaciones basadas en los resultados de elecciones anteriores y en lo que indican las encuestas, si los partidos liberales participaran unidos en las elecciones podrían ganar cuando menos 100 alcaldías, de las 153 que hay en todo el país. Y si en la alianza electoral participaran las otras fuerzas opositoras, entonces la derrota del FSLN sería abrumadora.

Sin embargo, a pesar de la gran importancia que tienen esos acuerdos entre la ALN y el PLC no significan que ya se ha definido el escenario político nacional ni el reto electoral del 2 de noviembre próximo. Nadie debe esperar que Daniel Ortega y el FSLN permanezcan de brazos cruzados, mientras la oposición en general y los liberales en particular se unen para las elecciones municipales de noviembre. Por el contrario, Ortega y el FSLN tratarán por todos los medios de impedir la unidad de sus adversarios, tanto para la acción parlamentaria como para la participación en las próximas elecciones locales. Ortega y el FSLN seguirán aplicando la regla maquiavélica de dividir para vencer, que tan bien les ha servido hasta ahora para conseguir sus fines políticos.

De hecho el presidente Daniel Ortega y el FSLN están trabajando actualmente, sin regatear esfuerzos ni recursos, para extraviar y dividir a la oposición parlamentaria. A eso se debe el súbito surgimiento de una “bancada bisagra” en la Asamblea Nacional, o sea, un grupo de diputados que se separan de los partidos políticos opositores que los llevaron al parlamento y que van a votar alternativamente por las propuestas legislativas del Gobierno o de la oposición, según sea el tema y de acuerdo con los beneficios que ellos pudieran obtener en cada ocasión.

A pesar del menosprecio que el presidente Daniel Ortega ha manifestado públicamente hacia el Poder Legislativo, y no obstante su desprecio personal a los diputados, particularmente a los de oposición, él ha entendido que no puede prescindir de la Asamblea Nacional y que es muy difícil someterla por medio del control previo de la ley. Le resulta más fácil dividir al Bloque (de diputados) contra la Dictadura y alentar la formación y funcionamiento de una bancada “neutral”, que desempeñe el papel de bisagra parlamentaria. De esa manera el presidente Ortega pretende lograr que sean aprobados, sin hacer mayores concesiones a la oposición, los temas legislativos de mayor interés para su Gobierno, comenzando, por ejemplo, con el Presupuesto General de la República.

Pero hay otras graves amenazas contra la unidad liberal. El acoso gubernamental contra Eduardo Montealegre con el pretexto de los Cenis, es parte de la estrategia orteguista para impedir o romper la unidad de los liberales. Además, en la cúpula del PLC no todos quieren real y sinceramente la unidad de su partido con la ALN. Los promotores del pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega siguen defendiéndolo y justificándolo sin siquiera ruborizarse, y aseguran que son más importantes sus coincidencias ideológicas con el FSLN, que sus discrepancias políticas. De modo que hay suficientes razones para prever que Alemán y sus allegados podrían torpedear la unidad liberal desde dentro, como de hecho ya lo intentaron con la provocadora presentación del caudillo pactista del PLC, el 9 de enero, en la firma de los Acuerdos de Alianza Estratégica con la ALN.

La unidad liberal y opositora en general es un imperativo democrático de carácter histórico, estratégico y no circunstancial. De allí que sean las bases y las estructuras intermedias del PLC las que estén impulsando desde abajo esta unidad y respaldando a los dirigentes nacionales que ya no quieren seguir sometidos al pacto y sus nefastas consecuencias. Pero la unidad no hace espontáneamente ni se defiende sola. Los liberales demócratas y en general los políticos opositores verdaderamente democráticos, tienen que construirla y además protegerla de todas las acechanzas, las de fuera y las de dentro.

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