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La unidad liberal fue contaminada por el pacto
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es doctor en Medicina
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El recién pasado 9 de enero las dos facciones liberales, PLC y ALN, firmaron un acuerdo de alianza. Ese día, precisamente, le suspendieron a Arnoldo Alemán el arresto domiciliar, salió libre, y asistió “sorpresivamente” a la firma de la alianza de esos partidos; no para impedir la firma, a como lo destacaron algunos medios de comunicación y también así lo expresara el mismo Eduardo Montealegre, sino para avalar con su presencia la firma de dicho documento, contaminarlo con el pacto y sellarlo con un abrazo.

A partir del momento en que Daniel Ortega asumió la Presidencia de la República, gracias al pacto, convirtió en rehén a su socio pactista Arnoldo Alemán. Esta doble condición de reo y de rehén le permite a Ortega un manejo y control total de su pacto con Alemán, y disponer de él para realizar acciones encaminadas a satisfacer sus propios intereses personales y políticos.

Alemán simula públicamente ser opositor a Ortega y sostiene un falso discurso de unidad. Son compadres hablados, y su principal preocupación es lograr su libertad definitiva; y ante la falsa promesa de su carcelero de ponerlo en libertad, o bajo la amenaza de retornarlo a la cárcel, lo continuará utilizando como un fiel y dócil instrumento de división a su servicio.

El repacto que llaman algunos no existe, es el mismo pacto, solamente que debido a las etapas o capítulos del mismo, en algunas ocasiones se hace más evidente. Todo este año, que está revestido de una particular importancia por ser un año electoral, Ortega dejará libre a Arnoldo Alemán para que realice bien su trabajo como factor de división de la oposición.

Si Eduardo Montealegre decide postularse para la Alcaldía, él se encargará de hacerlo perder a como hizo con José Rizo, haciéndolo aparecer como el candidato del pacto. No nos sorprendamos si el pacto decide repartirse las alcaldías, como estrategia perversa y forma de consolidar un bipartidismo que aparentemente se encontraba menguado, dándole continuidad a sus aspiraciones de perpetuidad en el poder.

Tanto por la fragilidad de Eduardo Montealegre en el caso de los Cenis, como por las amenazas públicas en su contra, Ortega impulsa acciones punitivas con el claro propósito de convertirlo en otro rehén y someterlo para lograr un pacto tripartito.

Por su falta de visión estratégica y por no haber aprendido de los aciertos y errores cometidos en la reciente campaña electoral, Eduardo Montealegre cayó en la trampa montada por el pacto.

La estrategia correcta era realizar la unidad de todos los partidos y organizaciones no sandinistas con las directivas departamentales, municipales y la militancia del PLC. Esa fue la estrategia impulsada por la Unidad de las Fuerzas Democráticas, que se comenzó a realizar de manera exitosa en El Sauce y Estelí, sin embargo, Montealegre impulsó sectariamente su alianza con el PLC sabiendo que el PLC es una organización con dueño y su comité ejecutivo nacional es un comité dócil, sumiso y obediente a la voluntad pactista de Arnoldo Alemán.

No se puede cometer el mismo error político de los años setenta, cuando algunas o muchas personas decían “mejor que Somoza cualquier cosa”. De la misma manera, en la actualidad no se puede realizar una unidad sin tomar en cuenta los costos negativos, sin valorar bien quién suma y quién resta, quiénes y qué organizaciones son verdaderamente demócratas y quiénes simulan serlo o bien se presentan disfrazados. La palabra demócrata ha sido mal empleada, manoseada y mancillada por los políticos tradicionales.

En su conferencia inaugural La Unidad en la Diversidad, sobre filosofía, interculturalidad y humanismo en septiembre del año pasado en Buenos Aires, Argentina, el doctor Alejandro Serrano Caldera hizo una referencia que me parece importante del gran filósofo Kant, quien decía que “la moral en general es una tarea infinita en la que si no se progresa se retrocede, pues incluso lo ya ganado ha de reconquistarse cada día”, para afirmar enseguida el doctor Caldera, “ que la democracia más que un sistema de gobierno es un sistema de valores que demanda una educación político-moral”.

Solamente defendiendo principios, sembrando valores y predicando con el ejemplo, podremos rescatar nuestra democracia, encauzarla hacia su efectivo cumplimiento y cambiar la política para que sea un auténtico instrumento al servicio del bien común, y así poder construir y fundar la República que muchos nicaragüenses hemos anhelado.

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