A las 12 del mediodía de ayer, regresaron al país siete de los ocho jugadores que renunciaron al proyecto de la Academia Tigres de Brasil, aduciendo que estaban en una escuela que no cumplió con los compromisos establecidos en el contrato firmado en agosto del 2007.
Con mirada esquiva a la prensa y nervioso, Nicolás Ibáñez salió al lobby del Aeropuerto de Managua. El ahora ex becado, saludó con un fuerte abrazo a su madre y le susurró al oído. Ella le dijo de inmediato:
—“Con la frente en alto, hijo”
Luego, con mayor seguridad, Ibáñez se dirigió a LA PRENSA y explicó por qué decidió regresar a Nicaragua, sin haber cumplido el año que establecía el contrato con la escuela carioca.
“Las condiciones de la academia son buenas, pero el proyecto se ejecutó en un tiempo equivocado. Entrenábamos dos horas al día y casi no nos tomaban en cuenta a causa de los jugadores brasileños. Hizo falta que nos ayudara la Fenifut y nos dejaron ahí sin nadie ”, expresó
Por su parte, Gerardo Arce, quien no fue recibido por ningún familiar, explicó de manera temerosa sus razones.
“No nos daban condiciones, hubo inconformidad entre los jugadores, los Tigres y la federación. No quiero especificar tanto, eso le compete decirlo a Julio Rocha”, señaló.